Aún están a tiempo de ir a otro blog a leer otra cosa.

Voyeurismo Lírico es un polvoriento depósito de ideas al que vengo a divagar desde los quince años. Encontrarás artículos de opinión sobre ética, política y otros temas relacionados con la filosofía, así como también mis incursiones en la prosa poética y otras manifestaciones de la retórica.

Mis escritos son crípticos hasta para Turing y mis pseudoensayos son políticamente incorrectos (dos cualidades que, para colmo del lector, considero sendas virtudes). Las entradas con publicación previa al 2012 son francamente malas, y me avergonzaría de su existencia en la red si no fuera porque me recuerdan que, a pesar de todo, he aprendido a escribir durante estos años.

Bienvenido al blog que nadie lee, del infortunado estudiante de filosofía que tiene ínfulas de escritor pero vive en Venezuela.

lunes, 1 de febrero de 2016

Cubismo y realidad: modos de existencia en la obra de arte pictórica

A la izquierda“Violinista alegre con una copa de vino” (1624) de Gerrit van Honthorst. A la derecha: “Violín y Uvas” (1912)  de Pablo Picasso.


En la obra de arte se ha puesto manos a la obra la verdad de lo ente.” [1]

¿Qué es aquello que sólo nos devela el arte? ¿Podemos pensar, como Nietzsche, que es un error subsumir el conocimiento exclusivamente al ámbito lógico-discursivo, eligiendo el contenido en detrimento de las formas? ¿Es el quehacer artístico una potencia diferenciadora, análoga a la razón, que nos permite develar o dar cuenta de verdades que de otra manera permanecerían ocultas?

Posee el hombre una facultad transfiguradora; el artista, como el alquimista, toma la materia para dotarla de algo más, transformándola, re-informándola. Pero, ¿qué es una obra de arte? Y ¿Cómo podemos decir que alguien sea un artista?  Estas preguntas no son menos engorrosas que aquella que se plantea “¿qué hace, a un filósofo, serlo?” y por similares razones (acaso sea la cuestión del artista aún menos evidente). ¿Es una obra “artística” porque la hace un artista, o recibe el hombre su estatus de artista gracias a la obra? ¿Poseen la obra o el artista una “artisticidad” intrínseca, o es esta otorgada por el consenso y lo socialmente establecido? Nuestra inquietud es la inquietud por las causas, pues no en vano creía Aristóteles que conocer algo plenamente es tener conocimiento de sus causas.

La primacía de Dionisio: dialéctica apolíneo-dionisíaca y el irracionalismo en la obra nietzscheana

Apolo y Dionisio

Lo que se presenta en El Nacimiento de la Tragedia" como una reflexión sobre el teatro griego, los fundamentos para una teoría del arte y una crítica del juicio estético, es en realidad una obra de condena al quehacer lógico-argumentativo o lógico-discursivo, la abstracción, el logocentrismo, los valores de la ilustración y la noción de verdad manejada por la tradición filosófica occidental. De igual forma, se muestra promotora de una serie criterios heredados del romanticismo, como la “nobleza” del instinto, la apología al onirismo, el arte como criterio de verdad – análogo a la afirmación de John Keats de que “la belleza es la verdad” – el individuo como creador de realidades, la validez de la mentira, la primacía de lo inconsciente y del impulso como detonantes de la acción humana, la visión de un mundo inaprehensible y la tendencia hacia lo imperfecto o inconcluso, con el trasfondo de lo infinito.

                Estas afirmaciones serán dilucidadas a raíz de la alegoría apolíneo-dionisíaca en el marco de la tragedia, donde más que una relación de tensión u oposición, parece haber una total subyugación del elemento irracional sobre el racional: la evidente primacía de Dionisio sobre Apolo en las consideraciones nietzscheanas sobre la existencia y el papel que juega el individuo.  A partir de aquí será legítimo atender diversas inquietudes, como la pregunta por la pluralidad y el consenso, o de si es posible eludir la intolerancia y la exaltación a la coacción como elementos que se desprenden de las páginas de Nietzsche.

miércoles, 6 de enero de 2016

El gobierno japonés y la miopía pragmatista



Cultivar la ciencia por la utilidad práctica, inmediata, es desvirtuar el alma de la propia ciencia” (Malba Tahan – El Hombre que calculaba).

                Recientemente se difundió la noticia de que el gobierno japonés habría propuesto cerrar las facultades de humanidades, en un gran número de universidades de su país, como parte de una política orientada a invertir los fondos para la educación superior en destinos de mayor utilidad para la nación; de acuerdo con el discurso de sus políticos, ni la filosofía ni las artes, por mencionar algún ejemplo, pueden considerarse de utilidad en la construcción de una sociedad más eficiente.

                Y posiblemente tengan razón en algo: ni la filosofía ni las artes responden a la necesidad de una utilidad o practicidad concreta; pero sus conclusiones podrían ser precipitadas. La cuestión es si esa fe en el pragmatismo, aunada al rechazo por lo especulativo, no es sino un caso de miopía intelectual.
                El menosprecio por el quehacer teórico y la actividad intelectual libre es, en última instancia, una mala comprensión respecto del propio espíritu científico y un sesgo cognitivo que ha cobrado fuerza con la proliferación de las políticas de planificación estadal, pero que se asienta en otra clase de prejuicios.  

martes, 6 de octubre de 2015

El escribidor.



Se equivocan quienes creen que un escritor escribe para los demás.

Si partimos del hecho de que la herramienta del escritor es el lenguaje, y de que su técnica y compendio de recursos no son sino maneras de comunicar algún mensaje de forma más fidedigna, precisa o elegante, lo afirmado al principio de este texto parece una soberana tontería para cualquiera que no sea un egocéntrico solipsista. Para evitar ese exabrupto diré entonces que un escritor que se precie no elige ni el contenido ni la forma de su escrito con la finalidad de lograr el agrado de los demás.


Pero entonces, ¿deja el pedagogo de ser escritor por pensar su escrito de acuerdo a un público específico? ¿Deja de serlo el jurista que escribe para su polis, y otros ejemplos análogos? Supongamos que estos sean casos en lo que se escribe en función de los demás (pues no sería complicado argüir lo contrario, es decir, que para el escritor su texto es un fin en sí mismo); sería injusto, con total evidencia, negar el talento de aquellos que honran estas u otras profesiones semejantes, y más injusto sería negar la belleza de las más resaltantes obras de esa naturaleza. Pero en cuanto a qué hace a un escritor, serlo, cabe seguir adelante con el axioma del encabezado (cabe agregar además que labor del pedagogo no es la del literato ni se le puede exigir a ambos lo mismo. Para el artista la prioridad no es el contenido, sino la forma
).

domingo, 20 de septiembre de 2015

Bajo las faldas de Marilyn.



   Para el maniqueo, el diagnóstico es doble: hemiplejia moral y miopía intelectual. Por otro lado, el posmoderno padece de un esnobismo neurótico y una parafilia por lo protagórico. De aquí que Sócrates sospechara de su propia necedad (y de la pura sospecha lo mandaron de paseo a los campos Elíseos); pero, sobre todas las cosas, de la necedad de los demás. El Oráculo habló en su favor.

  ¿Cuál es la frontera entre un filósofo y un sicofante? Nosotros, los fatuos, petulantes de oficio, dejamos la mesura unas tres o cuatro estaciones atrás. "Hablamos como si supiéramos" y también hablamos de lo mucho que hablamos (como este escrito). Por lo mismo hemos olvidado la diferencia entre vencer y convencer, con todo el rollo de que el diálogo racional no es más que una guerra sublimada. Capaz y la verdad es como aquello que esconden la faldas de Marilyn (sé que Heidegger usó una alegoría más elegante). Desde el ángulo correcto, y gracias a la brisa fugaz del subsuelo, se puede entrever, vagamente, dejando mucho a la imaginación. Por eso me parece que el verdadero filósofo no alcanza nunca la ataraxia, como no la alcanza nunca quien mira, así sea de reojo, unas piernas así. La curiosidad se ve azuzada por aquello que permanece parcialmente oculto.

jueves, 11 de septiembre de 2014

El Guaire, baluarte de la capital.




Pensando en ríos, un tanto más prosaico que aquel de Éfeso. En el pasado, las primeras sociedades se apostaron a orillas de los ríos, por lo que hoy día son muchos los países cuya ciudad capital se ve atravesada por uno. Verbigracia: a Londres la secciona el caudaloso Támesis; a París, el Sena, en su majestuosidad.

A Caracas, por otra parte, la atraviesa el Guaire, con la gracia de una várice y el esplendor de una herida supurante. Alguien – de esos que idealizan la languidez o la disfrazan de honor – dijo alguna vez que, las comparaciones, son odiosas. Tanto más odiosas si el contraste desfavorece como en este caso, pero las mejillas del caraqueño hace décadas que no cogen rubor.

jueves, 24 de julio de 2014

Te escribo.



Eres cuerpo e idea
Y tu idea se extiende y se aferra
a cada rincón de mi mente; en conciencia e inconsciencia
Única dueña de mi breve instante de existencia
Ay, ¡se acaba la paciencia!
Cierra las puertas mi memoria;  se agota el espacio en mi cabeza
Y de las ventanas de mi alma caen muebles con violencia
Todo lo abarcas, todo lo llenas
¡Dios perdone mi imprudencia!
Cada imagen el reflejo de tu ausencia
Y te escribo: te hago letra
Te hago verso y prosa
Hago inmortal tu esencia
Y es que si no te dreno en palabras, ¡si no comparto el peso de tu existencia!
Revientan los muros de la locura
Se pierde mi ser en tus negros ojos y tu piel morena.


viernes, 27 de junio de 2014

Veinte mil rojos claveles.




Fue, tácticamente, la batalla perfecta. Entre el millar de hombres decididos reinó el coraje y el buen juicio. La vanguardia arrasó con precisión letal: una avalancha de espíritus violentos e intratables, pero de alguna forma virtuosos. Cada combate se resolvió como una ráfaga, en intermitentes arrebatos de furia y ardor; una bélica sinfonía, todo movimiento un frenesí, toda pausa un final apoteósico.

Fue, como desenlace, una trágica ironía. La gloria se escurrió cruelmente, como el hijo que muere nada más nacer. Entre los despojos del enemigo vencido, sobre el aún tibio cadáver de una victoria, llegó un mensajero: hemos perdido la guerra.


lunes, 17 de marzo de 2014

"Dallas Buyers Club": más allá de lo evidente.


Matthew McConaughey encarna a Ron Woodroof, quien tras ser diagnosticado con SIDA, resuelve convertirse en contrabandista y afrontar tantos sus prejuicios, como los de aquellos que lo rodean, para lograr sobrevivir.

No pasa desapercibido que "Dallas Buyers Club" (2013) es una producción cinematográfica que lleva de contrabando una fuerte crítica social y que pone en tela de juicio la credibilidad de ciertos organismos, exponiendo su corrupción y sus vicios. Lo que pareciera no ser tan evidente, es hacia qué o quiénes va dirigida dicha crítica. 

No fue hasta su gran éxito en la premiación de los Óscars que tuve la ocasión de conocer la existencia de esta película, aunque tras ver algunas de las escenas - tan magníficamente interpretadas por McConaughey y Leto - supe que valdría la pena verla completa. Así, adquirí el DVD del film con solo una vaga noción de la trama y el contexto en el que se desarrolla; a saber, que Ron Woodtroof  descubre que padece la terrible enfermedad del SIDA, en una época de (aún más) tempranos avances en pro de conocerla y contrarrestarla. 

Ni los comentarios en la portada de la caratula ni la sinopsis en la contraportada me dieron a priori una idea acertada de aquello que pretende transmitir historia. He de decir que, como en muchos otros casos, ni siquiera la traducción del título fue fiel al original. "El club de los estafadores", se leía en letras grandes, y abajo versaba: "a veces se necesita un estafador para cambiar el mundo".  Masticada y digerida, dedicaré unas cuantas líneas a disipar la ambigüedad en torno a la producción de Jean-Marc Vallée. O mejor dicho, la ambigüedad en torno a las interpretaciones que ha suscitado. 

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Devolviendo lo pagano a la navidad: autodeterminación, actualización y sincretismo.



El hombre, de unos cuarenta años de edad, se mantenía firme frente a nosotros, sosteniendo la puerta para que pudiésemos salir de la residencia. Era veinticuatro de diciembre y a él le tocaba vigilar en el turno de la noche; era su trabajo.  En su rostro se evidenciaba una mezcla de resignación y melancolía que me mantuvo pensativo en mi trayecto de regreso a casa. "Es una pretensión estéril la de programar nuestra alegría en base a fechas convenidas" - pensé - "estas fechas tienen más de aflicción que de otra cosa".

En la vía, mi madre decide entrar a una iglesia, por lo que la acompaño. Mientras ella dirigía sus oraciones a la desgarbada figura de yeso, yo me distraje observando un gran montaje de la escena del nacimiento de Cristo: ovejas, camellos, algunas casas desproporcionadas en relación a los animales y en lo alto de un cerro los tres reyes magos, María, José y el niño; lo usual. "¿Qué celebro yo?", me pregunté: no era la primera vez que me entregaba a estas consideraciones. 

Las cortinas carmesí





Mi tiempo alejado de los ditirambos filosóficos y la crítica política en este blog me llevó por los derroteros de la literatura y los cuentos navaja. El fruto de ese andar a tientas fue este breve relato titulado: "Las cortinas carmesí", que fue inscrito en un concurso promocionado a través de las redes sociales y que tuvo la fortuna de haber sido nombrado ganador en una de las categorías a premiar. 


                                       

miércoles, 25 de septiembre de 2013

"El Ministerio de la Verdad".



Los mismos que en su momento desmontaron la "esfera Pepsi" y la taza de "Nescafé de Plaza Venezuela, (alegando riesgos a la infraestructura o violaciones a ciertas ordenanzas para la propaganda y la publicidad) son los mismos que hoy forran el país de esquina a esquina con la cara de Chávez o Maduro, ya sea en gigantescas vallas o en infinitud de pósters. Esos que ahora se quejan de una "dictadura mediática" que conspira en su contra, son aquellos que cuentan en su poder (entre concesiones denegadas y ventas forzosas) con al menos nueve canales de la televisión venezolana, (y la complicidad del resto) además del recurso de la cadena nacional obligatoria a través de radio y tv (instrumento utilizado religiosamente) y un jactancioso proyecto de televisión satelital a través del cual, el mandatario nacional, espera difundir "la verdad".

sábado, 14 de septiembre de 2013

La Naturaleza de lo Artificial.


Darwin nos explicó el proceso mediante el cual prolongan su existencia las especies capaces de adaptarse al medio ambiente. Los seres humanos hemos aprendido a adaptar el mundo a nuestra existencia.

¿No es la razón una facultad natural? ¿No lo es también la imaginación?. Y sin embargo, todo aquello que es transformado por la mano del hombre y a través de su razón e imaginación es llamado artificial.  La definición de "artificial" que nos brinda la RAE es la siguiente: "No natural, falso, ficticio. Hecho por mano o arte del hombre". De modo que consideramos todo aquello producido por el ingenio humano como algo falso (?) y no natural.

Así mismo, no parece haber problema en decir que un hombre actúa de forma "natural" cuando se deja conducir por el mundo bajo las más elementales pasiones y no atiende a otra cosa sino a los impulsos del momento.  ¿Será que consideramos más "natural" el instinto animal que el propio entendimiento humano, aquel que nos ha permitido comprender y moldear las condiciones hostiles de nuestro mundo para hacerlo más ameno durante nuestro breve paso por él? (Vale, esta pregunta ha sido bastante tendenciosa, pero pensemos en ello).

Como consecuencia de esta distinción ontológica nacen también las consecuentes distinciones éticas y estéticas. Pero, ¿tenemos argumentos suficientes para hacer esta distinción? ¿Realmente se presenta así de clara al entendimiento? ¿Son la belleza, la candidez y la virtud atributos exclusivos de lo intacto, de lo circunstancial, de aquello que escapa al toque del hombre...? ¿O serán, por el contrario, fruto del propósito bien definido y la acción humana dirigida hacia un fin?

¿Podemos hablar con propiedad de una dicotomía artificial-natural? ¿O será, tras una segunda mirada, que nuestros artificios son lo más natural?.

domingo, 24 de marzo de 2013

''Bruce Almighty'' Y El Estado Planificador.



''Bruce Almighty'' o ''Todopoderoso'' (2003) es una película cargada clichés, proselitismo religioso y en general muchas conclusiones sobre la vida que no comparto. No obstante, para aquel ávido de entendimiento, cualquier obra se presta a la obtención de valioso conocimiento. En otras palabras, si somos capaces de prestar atención y hacer abstracción con lo que percibimos, podemos encontrar verdades incluso en aquellos discursos con los que no estamos de acuerdo. 

Y es que, más allá de la siempre esplendida actuación de Freeman o del siempre cómico Carrey, Todopoderoso nos deja un importante mensaje sobre la relación entre los deseos y las acciones humanas, sobre qué clase de vínculo existe entre la justicia y la competencia, y sobre todo, lo compleja que resulta satisfacción de nuestras necesidades en el enorme entramado que es la sociedad.

En resumidas cuentas, la obra nos brinda un estupendo punto de comparación (aunque se trate del mundo de la ficción) para aclarar muchas confusiones respecto a cual modelo de gobierno resultaría más satisfactorio para la vida humana, si el incierto modelo liberal de competencia, o, por el contrario, el modelo de estado de planificación que promete mantener satisfechas las necesidades de los hombres con total seguridad.

viernes, 15 de marzo de 2013

El Discurso Colectivista y el Complejo de Quijote.


El caballero de la triste figura, Don Alonso Quijano, así como nos lo presenta el gran Miguel de Cervantes, fue un hombre consumido por sueños de honor y glorias. Su adicción al género caballeresco y a las historias de épicos combates le llevaron a contemplarse a si mismo como a un aguerrido y reluciente caballero, así como también a alucinar con peligrosos y aguerridos enemigos donde no había sino costales, barriles o molinos de viento. Así nació su alter-ego: Don Quijote de la Mancha.

El discurso heroico - cuasi fantástico - tan característico del vocero de izquierda (o del colectivista de derecha por igual) y destinado a enaltecer a las masas, me hace evocar la figura de aquel ficticio Hidalgo.  Siempre tan cargado de alegorías referentes al combate, la guerra y la resistencia. Una retórica beligerante, capaz de envolver al oyente en un halo extático y hacerle entrar en un estado de excitación similar pues, al que siente el hombre que se mezcla entre una turba violenta, o aquel soldado que está a punto de colisionar contra una tropa enemiga. Alusiones al enfrentamiento bélico, a la espera entre trincheras, con los puños en alto para ahogar la adrenalina (o despertarla en los demás); Ese es el método usado por el socialista para despertar la atención y el interés entre las masas, mitad ingenuas, mitad necesitadas de algo en que creer (no necesariamente de algo en lo que pensar, sino en lo que confiar. Una meta para dar sentido a un vacío).

Como seres humanos estamos siempre en la búsqueda por un propósito al que fijar nuestros actos. Todos tendemos hacia un fin, diría el estagirita. Así, quienes constantemente han fallado en definirlo se dejan absorber por los fines que otros, con énfasis, les presenten de manera atractiva. Más que compromiso, se forja una suerte de dependencia. Esa es la clase más peligrosa de devoción:  la del hombre fanático, desesperado y esclavo de la doctrina que da un poco de sentido a su existencia. Allí no cabe la duda, allí no cabe el razonar.

domingo, 10 de marzo de 2013

¿Causalidad o Casualidad? La superstición y la navaja de Ockham



Buscar el orden en un mundo causal, vaya obsesión para la humanidad. Filósofos, teólogos, matemáticos, físicos, comerciantes, campesinos, el hombre sentado frente a la barra del bar, el maestro que reprende al pupilo travieso,  la madre que pierde a su hijo en la sala del hospital, el soldado en pleno campo de batalla y el ludópata que lanza sus dados.

La relación causa y efecto parece no satisfacer a las mentes que constantemente se expresan en términos de premios o castigos para referirse a circunstancias  fortuitas de la vida. ¿De quién o por qué? para muchos la respuesta es "dios", pero la religión teísta no es la única fuente consciente de misticismo de la que beben los hombres para saciar su sed de respuestas. También lo es la superstición.

La vida misma, cargada de propiedades antropomórficas, como consciencia o raciocinio, es señalada como ente responsable del devenir humano. Si bien esto puede ser tomado como una excelente alegoría o metáfora,  es común escuchar enunciados más bien recelosos, del tipo: "No deberías hablar de esta manera, porque la vida te puede castigar''. o: "La vida te pondrá en tu lugar" (Esta vez, ''la vida'' como ente capaz de impartir justicia). Aquí la linea entre la metáfora y la superstición parece más difusa. ¿Nos expresamos previniendo al oyente de las consecuencias negativas que sus actos pueden acarrear, en modo de conjetura o hipótesis? ¿O llegamos a creer realmente en la acción de un karma mediador de nuestros actos?.

martes, 19 de febrero de 2013

Entre la Tecnología y la Ignorancia.


“Hemos creado una civilización en la que sus elementos más cruciales dependen profundamente de la ciencia y la tecnología. También hemos arreglado las cosas para que casi nadie entienda de ciencia y tecnología. Esa es una receta para el desastre. Tal vez nos salgamos con la nuestra un rato, pero tarde o temprano esta explosiva mezcla de ignorancia y poder nos va a volar la cara” - Carl Sagan


Televisión LED o LCD, bluray, computadoras, smartphones, videojuegos, conexión a internet, dispositivos de almacenamiento...En un futuro los historiadores bien podrían denominar este siglo "la edad de la tecnología", y es que, si bien en un pasado el progreso en materia científica había ido desarrollándose con una relativa lentitud, en la última década se ha disparado con velocidad vertiginosa. Artefactos revolucionarios de hace 5 años ya son considerados obsoletos. Vivimos en la era de la información globalizada, del apogeo de un metaverso digital, de los avances y las innovaciones en todos los campos de la ciencia, pero sobre todo lo que respecta a ítems de uso diario, de incremento de la comodidad en el hogar, del acceso ilimitado a todo tipo de información y que propician el auge del intercambio social, y por ende, económico.

El raudo florecimiento tecnológico se ha convertido en una nimiedad más de la cotidianidad. Se espera que sea así. Cada año los consumidores impacientes escrutinan el mercado en busca del nuevo modelo de Ipod, del nuevo celular de gama alta de la Samsung, de la tablet con más aplicaciones, de la laptop más veloz y un sin fin de etcéteras. Estos magnificos artilugios, sueños fantásticos de los Da Vinci o Tesla, se han mezclado con nuestro día a día, forjando una relación cuyo término resulta impensable para cualquier individuo de una sociedad civilizada (o en apariencia civilizada).

Sin embargo, ¿podemos predicar un desarrollo similar en nuestro nivel de comprensión hacia la tecnología? ¿ha ido la prosperidad social y el ánimo intelectual "in crescendo"?

domingo, 3 de febrero de 2013

El Sistema Educativo y La Prostitución Intelectual.



Sí, lo confieso, ante el sagrado umbral del aula de clases he sido una puta del mundo eidético. He prostituido mi mente, les he dado lo que querían leer de mi. He vendido mis principios por una sucia calificación. ¡Un cochino 20!* un número que dice mucho y dice nada. Maldita la ostentación de este falso mérito, de esta licencia académica para hablar y pensar que he aceptado sobre las bases de su  putrefacto pantano de ideas confusas y ponzoñosas. Profane mis fines con sus medios. ¿Qué me queda? ¿Qué le queda al hombre que habla con voz ajena?: Un negro cuervo que se posa en el alféizar de mi ventana y susurra a mis oídos: "Nunca más".

Con la esperanza de un futuro independiente y con espíritu valiente y decidido he entrado a su fábrica de hombres con cerebros positrónicos. "Repetiré sus eslóganes obsoletos, les daré lo que quieren y en un futuro mis ideas romperán contra las suyas como marea contra el despeñadero", "Será como hackear el sistema", "ellos serán los engañados, no yo". Fueron esas mis razones para actuar, pero me comprometí (¡si que lo he hecho!) e imaginen cuantas mentes han sido destruidas por esa nefasta actitud. Imaginen cuanto terreno ha ganado la irracionalidad por omisión, por el desdén de los hombres que podrían detenerla.

En esa encrucijada nos pone nuestro sistema educativo: Muere o únete a la causa. Adáptate al establishment, mantén el statu quo o se reprobado. No se trata de enseñar, sino de condicionar. No debemos aprender a pensar, sino a responder como se espera que lo hagamos. Somos el perro y ellos Pávlov, y cuando suena la campana, toca babear. Nuestras universidades son el sueño hecho realidad de algún siniestro genio loco de la talla de Skinner. 

miércoles, 9 de enero de 2013

¿Y si Atlas Renuncia?



Una cita con la historia.

Es posible hacer predicciones muy precisas a futuro. Escribir hoy algo que siga siendo válido dentro de 50 años (con pesar de los incautos que desprecian el estudio de la historia y las premisas de las ideas con las que se comprometen). No se trata de clarividencia o algún tipo de razón oracular o revelación mística, sino de una capacidad que todos poseemos pero muy pocos practican: La abstracción. 

Quienes desestiman las leyes causales, así como aquellos que suelen juzgar una idea por solo el primer y último eslabón de la cadena argumental, lo tienen más difícil, pero Filósofos y estudiosos (algunos con mayor atino que otros) suelen tener esta habilidad. Uno de los casos más impresionantes es el de Ayn Rand y su epistemología objetivista, tan claramente expresada en cada una de sus novelas. La más ilustre: la rebelión de Atlas (Atlas Shrugged) y su advertencia al mundo de lo que sucede en una sociedad que inmola a sus productores ante la ambigua pretensión de un "bien común".

Al menos la mayoría de las personas con una mentalidad saludable, si bien no se preocupen en exceso por los demás, seguro que desean buena fortuna y felicidad a sus prójimos. Irónicamente, no podemos decir que sean muchos aquellos que se dan el tiempo de analizar cuales son los medios que pueden o debieran realmente seguirse para perseguir tan ansiado fin. Es de ambas características del hombre promedio que las élites pseudo-intelectuales con ansias de poder (poder sobre otros hombres) se han aprovechado desde el siglo XX para consumir y destruir todo lo bueno que puede producir la mente y el esfuerzo humano, a expensas de un "bien superior" que jamás hizo presencia. Así, el fantasma del colectivismo se ha paseado por nuestra sociedad bajo diferentes nombres y versiones. A veces como Fascismo, a veces como Comunismo. Pero los resultados siempre han sido los mismos: Los medios jamás fueron leales a los fines, y aunque se sacrificó todo lo que se supone debía sacrificarse, los resultados se devolvieron en contra a las masas desconcertadas, como un boomergang llamado realidad.

sábado, 5 de enero de 2013

El Demiurgo Y Su Dolor


Siempre, la obsesión por la creación
Sí, la ansiedad que acompañaba Pigmalión
Imaginar, ponerse en marcha y plasmar...dar vida
Que pecado imperdonable el consumirse en noches aburridas

Predecible, como este verso; no me encuentro, no lo pienso
Ahogando lo punzante en lo oscuro; en lo espeso del silencio
"¿Cuándo vas a comenzar?" respondo: "ya estoy en eso"
La incertidumbre me ha llevado a temerle al reflejo del espejo

No, no hay Galatea
Solo letras abortadas y preguntas sin respuesta
"¿Estás contento ahora? !Vale, hagamos una fiesta!"
"¡Brindemos por el gran acto!...que se quedó en potencia"

Siempre condescendiente, ausente, como semi-consciente
Queriendo escapar al vacío. "Por favor, ¡ahora en parapente!"
No sé si es miedo a la caída o querer que sea bien fuerte.
No es amor a la vida, si solo es miedo a la muerte.

Todos los derechos reservados.

Todos los articulos aquí publicados son única y exclusivamente de la autoría de Manuel Gerardi Y tanto estos como el Kuaguro están protegidos bajo derechos de autor.



















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