Aún están a tiempo de ir a otro blog a leer otra cosa.

Voyeurismo Lírico es un polvoriento depósito de ideas al que vengo a divagar desde los quince años. Encontrarás artículos de opinión sobre ética, política y otros temas relacionados con la filosofía, así como también mis incursiones en la prosa poética y otras manifestaciones de la retórica.

Mis escritos son crípticos hasta para Turing y mis pseudoensayos son políticamente incorrectos (dos cualidades que, para colmo del lector, considero sendas virtudes). Las entradas con publicación previa al 2012 son francamente malas, y me avergonzaría de su existencia en la red si no fuera porque me recuerdan que, a pesar de todo, he aprendido a escribir durante estos años.

Bienvenido al blog que nadie lee, del infortunado estudiante de filosofía que tiene ínfulas de escritor pero vive en Venezuela.

lunes, 6 de agosto de 2012

La Medalla De La Discordia.


Llegan los juegos olímpicos, se preparan los mejores del planeta en sus respectivas disciplinas deportivas. Espectadores de todo el mundo siguen el desempeño de los atletas, viven de fuera el calor de las competiciones, disfrutan, se emocionan, esperan ansiosos por una medalla para su país.

Y entonces sucede: Llega esa presea dorada, el mayor premio, la gloria olímpica.

Lo usual es que los ''compatriotas'' del campeón desborden alegría -Algunos, como si la hubieran ganado ellos. Normal, ha nacido una nueva estrella, que alumbre a la juventud, que sirva de ejemplo, de motivación, de admiración...

En Venezuela, con la medalla obtenida por el Esgrimista (realmente ''tirador'', disculpará usted lector que no me acostumbre del todo al término oficial) han despertado, sin embargo, múltiples reacciones. 


En efecto, las opiniones respecto al triunfo del criollo han sido bastante dispares. Sin duda muchos la han recibido con alegría, con la frescura peculiar que brinda el disfrute del deporte, pero quizás la norma general ha sido más en el ámbito extra deportivo. Este hecho ha dado lugar a un fuerte debate político, desde aquellos que ven la victoria como la reafirmación de las bondades del régimen de Hugo Chávez y su política respecto al deporte. Otros han desmerecido la victoria por considerar su cubrimiento mediático como una estrategia propagandística en favor del gobierno, más que como un homenaje al deportista, acusando a Limardo de hacerle campaña al presidente Venezolano con sus declaraciones donde agradecía al estado ''por el apoyo brindado''. 

Por otro lado, por la ''vía de en medio'', muchos se han quejado de la politización de lo que consideran una victoria ''meramente deportiva'', argumentando que los intentos de un bando u otro por sacar el triunfo de su contexto es una forma de empañarlo, y que está, para ellos, totalmente fuera de lugar.

Pero, ¿A qué se debe esta peculiar circunstancia? Si bien la tensión política aumenta entre los ciudadanos a medida que nos acercamos a la fecha de las elecciones presidenciales, es menester analizar la situación con detenimiento. ¿Es de mal gusto politizar lo deportivo? ¿Hay algo de político en el triunfo de Rubén Limardo? ¿A qué se debe la discordia generada por un hecho que, para el resto de los países, es motivo de celebración y poco más?

Hacer un análisis imparcial, objetivo, dar uso a ese ''racionalismo crítico'' que maravilló a Popper, es deber de todos, pero en un país como este, en una época como esta, donde las pasiones son liberadas sin ser cuestionado jamás su origen, donde nadie pone freno de mano y los vehículos de sus ideas -las magulladas palabras- caen cuesta abajo con todo el peso de la imprudencia, es bastante difícil dar un juicio de este estilo sin ser acusado con los adjetivos más pintorescos y fuera de lugar. Sin embargo, ser políticamente correcto no es un factor que admire, pues, aunque serlo ayude a abrir muchas puertas, ser fiel a nuestras ideas, a nuestros valores, es lo que abre las puertas correctas.

¿De quién es el triunfo?

Bien, esta es, creo yo, la pregunta fundamental. Unos y otros jalonean por aquí y por allá con la esperanza de empaparse del éxito logrado en Londres por Limardo, ¿Pero en quién recae el merecimiento? ¿Es un triunfo de la revolución, como claman unos? ¿Es un triunfo de todos los Venezolanos, como claman otros? ¿No es un triunfo en absoluto, como dicen quienes lo contraponen con la caótica situación del país?

Para empezar, el triunfo es de Rubén. Si, el triunfo es suyo, y de su entrenador y cuerpo técnico, pero principalmente suyo. ¿Qué ganamos tú o yo? Bien, realmente, poco más que un rato de disfrute- si fue de nuestro agrado su victoria- y una nueva anécdota que contar a generaciones futuras. Decir: ¡Yo vi ganar a Limardo!

No, como Venezolano no me siento victorioso, y menos ''orgulloso'', el orgullo es algo que se forja individualmente, no algo que se hereda por las acciones de otros. Si, orgullo es una palabra muy fuerte, totalmente fuera de lugar. Pienso que quien afirme lo contrario comete el error de colectivizar lo meramente individual, como lo es el orgullo, y cuando nos acostumbramos a ese clase de ideas, terminamos por olvidar la verdadera procedencia de las virtudes del ser humano y tendemos a pensar que se aparecen siempre por arte de magia.

Lo que si siento es admiración, la admiración que se siente por quien sobresale, por el campeón, por quien ve recompensado el fruto de su esfuerzo y lo materializa en triunfos y alegrías. Limardo es un ejemplo a seguir, un faro que alumbra a una generación como diciendo: De Venezuela si salen triunfadores.

Pues bien, hasta aquí he eludido lo político bastante bien, pero me temo que no puedo hacerlo más, es hora de señalarlo.

Aceptado esto, queda claro que quien quiera adueñarse de su éxito, cae más bien en lo absurdo, en el fanatismo. Bueno, con total honestidad he de puntualizar, cualquiera, menos sus patrocinadores: En este caso, si, el gobierno Venezolano...pero, ¿Es esto motivo de virtud?

Si, hasta hace unos meses la esgrima no tenía nada que ver con el gobierno del ''socialismo del siglo XXI'', pero con el repentino Oro de las olimpiadas todo cambio. Ahora ''somos'' ejemplo de gestión deportiva, ''somos'' cuna de campeones, forjadores de héroes olímpicos, y demás empalagosos encabezados de diario deportivo. 

¿Tiene algo que ver el gobierno con ello? Ciertamente si, en el sentido que su patrocinio económico, o mejor dicho, el patrocinio de millones de Venezolanos anónimos fue gestionado por entes gubernamentales y dirigidos a cubrir los gastos de preparación de los atletas, y posteriormente los gastos pertinentes a su participación en los juegos.  Esto es innegable, irrefutable. Lo que pongo en tela de juicio es la moralidad implícita en el asunto. 

los sueños de los medallistas anónimos

Bien, ante la propaganda chavista  es inevitable que el ser crítico se pregunte: ¿Cuál es el deber de un gobierno?. Las interpretaciones son muchas, pero esencialmente un gobierno es un mecanismo artificial erigido con el fin de asegurar al hombre su libertad, la salvaguardia de su vida y de sus propiedades. Esto es, protegerlo del estado de naturaleza.

Esas son las prioridades de un estado, esas son las labores del gobierno, las verdaderas. Quién llega al poder se compromete a cubrir estas tareas, a defender primordialmente los derechos del individuo.

En Venezuela las cosas son un poco distintas, y he aquí el motivo de la discordia. El hampa azota las calles, ninguna propiedad está segura. El robo es algo común, tan común que incluso esta institucionalizado: Si no te atraca el criminal común, y puedes lograr un relativo éxito esquivando secuestradores y mafias de guante negro o blanco, lo más probable es que seas victima de una repentina expropiación. Pero eso no es, quizás, lo peor,  cuando cada mañana contemplamos en los diarios esas cifras que suben de las 40 muertes diarias, de forma violenta.



Alguien que aprecio me dijo: ''¿Entonces no debemos celebrar porque existen desgracias también? ¡Si es por eso jamás celebraríamos!'' No, no se trata de no celebrar por que hayan ''desgracias'', se trata de distinguir entre una verdadera victoria, se trata de entender el contexto y dar cuenta que el fin no justifica los medios. Nuestros fines quedan corruptos, manchados, cuando nuestros medios no son dignos, entonces, ¿Como estar feliz por algo cuyo trasfondo es la total ineptitud de un gobierno que en sus 14 años no ha hecho sino invertir en propaganda de una forma u otra, descuidando sus tareas esenciales?

El problema no es, ni mucho menos, con el Señor Limardo -Aunque algunos fanáticos vociferen eso- es con aquellos que aprovechando su triunfo han querido desplegar una pantalla de humo sobre todas las carencias y desgracias que caen sobre el país, que manifiestan que el soporte económico del estado para con el deporte como ''una virtud, una obligación que antes no se cumplía'' cuando ciertamente, no es tal obligación. 

No, no es un triunfo del gobierno, es de hecho su fracaso, el abandono de sus tareas primordiales, estando estas, además, totalmente descuidadas y el país sangrando por sus costados. No es justificación, pues el triunfo de un excelente atleta queda en los récords de la historia, queda en su mente por siempre, pero para el resto de los Venezolanos se ahogara por años en lagunas, no nos perseguirá, ¡no debe perseguirnos siempre!, porque cada quién tiene sus medallas particulares que ganar, y las perdemos día a día, junto a las vidas de seres queridos, junto a las propiedades robadas, a los negocios expropiados...así se van los sueños de los medallistas anónimos.

Lo ideal es un gobierno donde cada quién tenga la libertad de luchar por su disciplina personal, por su propósito de vida, independientemente de si su triunfo sirve o no a los intereses del gobernante de turno. 



La Unión Soviética cosechó cientos de triunfos deportivos y cientos de medallas olímpicas también, pero a cambio del alto precio de la libertad y la propiedad. Cuando el estado decide las prioridades de una nación, siempre habrán sacrificados.

Todo gobierno con intención de establecer una corriente ideológica, toda autocracia, todo régimen colectivista ha apoyado sin duda a deportistas y músicos, talentos que puedan servirle como una medalla de guerra sirve a un coronel, para embelesar a las masas, para expandir su ''leyenda'' particular y regar por medio de la virtud de otros sus más atroces ideales. Pero no todos los gobiernos permiten al individuo disfrutar plenamente del fruto de su esfuerzo, hacer uso con independencia de sus negocios, administrar con autonomía el capital que se gana honestamente y con el trabajo. 

No, no me enamoran los logros del estado benefactor. Si, me enamora más el ejemplo de quien lucha por un sueño y lo ve realizado en su campo de batalla. Me enamora tanto que me encantaría que lo de Rubén no fuera una excepción en la regla, ni el fruto del ruego ante un todo poderoso y ''amado'' líder, sino el resultado inevitable de una vida bien llevada, del trabajo duro y bien hecho de individuos libres y autónomos.

¿Quieren que se deje de politizar el deporte? Desliguemos entonces el deporte de lo político, ordenemos las prioridades como individuos de un país, que de los éxitos de lo primordial se hará eco todo lo demás.



Firma: Felicidades para Limardo por su enorme éxito, y ¡Ánimo!, para el Venezolano promedio.



1 comentario:

  1. Como siempre, Manuel, yo no lo hubiera podido decir mejor.

    Plasmaste todo lo que yo hubiese dicho, de una forma escueta, al grano y de forma objetiva.

    Excelente. Realmente excelente.

    ResponderEliminar

Todos los derechos reservados.

Todos los articulos aquí publicados son única y exclusivamente de la autoría de Manuel Gerardi Y tanto estos como el Kuaguro están protegidos bajo derechos de autor.



















Buscar este blog