Aún están a tiempo de ir a otro blog a leer otra cosa.

Voyeurismo Lírico es un polvoriento depósito de ideas al que vengo a divagar desde los quince años. Encontrarás artículos de opinión sobre ética, política y otros temas relacionados con la filosofía, así como también mis incursiones en la prosa poética y otras manifestaciones de la retórica.

Mis escritos son crípticos hasta para Turing y mis pseudoensayos son políticamente incorrectos (dos cualidades que, para colmo del lector, considero sendas virtudes). Las entradas con publicación previa al 2012 son francamente malas, y me avergonzaría de su existencia en la red si no fuera porque me recuerdan que, a pesar de todo, he aprendido a escribir durante estos años.

Bienvenido al blog que nadie lee, del infortunado estudiante de filosofía que tiene ínfulas de escritor pero vive en Venezuela.

domingo, 30 de septiembre de 2012

El Respeto a la Opinión.



En otras ocasiones he escrito sobre a libertad de expresión (ese derecho inalienable, signo de progreso social, de respeto por el individuo, por la mente y la razón en si misma) así como también sobre la responsabilidad que (como con todo tipo de libertad) nos liga a nuestras palabras y sobre todo, el valor que nosotros mismos debemos darles antes de proferirlas sin más (como dice aquella frase: ''somos esclavos de lo que decimos y dueños de lo que callamos'').

Respecto a la relación libertad-responsabilidad a la hora de emitir juicios, es difícil no visualizar la posibilidad de conflictos producto de la disparidad entre ideas. En un mundo heterogéneo como el nuestro, con millones de individuos únicos y con notables diferencias de intereses, el conflicto es una realidad inevitable (Pero no así imposible de solucionar)

Se habla mucho del respeto - sobre todo del respeto a la opinión ajena, o a la doxa, en términos de Platón - como una virtud que es necesario inculcar, pero a la hora de intentar definir el ámbito del respeto me he topado con diferentes e irreconciliables interpretaciones. Esto es: algunos de los más fervientes ''defensores'' del respeto, parecieran a su vez ser enemigos de la libertad de expresión. Y yo sin embargo me pregunto: ¿Cómo es posible que exista la una sin la otra?

El respeto como antítesis del respeto

Pareciera que a manos de ciertos grupos y de una nefasta herencia cultural, la palabra ''respeto'', ha ido tornando a ser sinónimo de ''imposición''. Conceptos entre los cuales, cabe destacar, hay una distancia diametral. 

Queriendo confirmar esta intuición y tras debatir con algunos colegas sobre la misma idea del derecho y la libertad de expresión, termine sumido en un lago de ambigüedad ( lo que valió para confirmar mi hipótesis y definir la pregunta que da pie a esta entrada)   

 La duda que me concierne es la siguiente:  ¿Hasta que punto el respeto y la tolerancia se confunden con la condescendencia? o bien, ¿estoy, como individuo, obligado a aceptar por sagrada cualquier opinión ajena?

Por si no es clara la importancia de esta pregunta, creo menester señalar como es que se ha invertido la esencia del derecho, y como se ha tergiversado así la idea del respeto. 

Quienes conforman la corriente ''progresista'' (termino que uso a menudo, cabe aclarar, con sarcasmo) y los filósofos de lo políticamente correcto, llevan un buen tiempo intentando invertir la esencia del derecho a la expresión (así como con la mayoría de nuestros derechos y valores). Siendo este un derecho ''negativo'', es decir, de no coerción (tenemos derecho a poder expresar lo que pensamos sin que otros puedan callarnos) han querido transformarlo en un ''derecho positivo'', o de ''obligación'', donde pareciera que tenemos, no el derecho a opinar, sino a establecer ciertas opiniones como irrefutables, es decir, el derecho a que otros validen nuestras ideas independientemente del contenido de estas (e incluso a que nos brinden los medios para expresarnos, pero esto lo trataré de forma independiente y a mayor profundidad más adelante)

En este sentido el concepto de ''respeto'' pasa de ser un permiso a la libre expresión fuera de coacción, a un imperativo de auto-censura, de poner ciertas opiniones por encima de otras. 

Esta actitud, más que reforzar un ambiente democrático de intercambio de ideas, es, como diría Popper, la actitud que define a los enemigos de una sociedad abierta, que disfrazados tras el manto del altruismo dan vida al nihilismo de nuestra época. Es necesario entender el como exigir la condescendencia, proponer el respeto como una carta en contra de refutaciones u opiniones adversas, es todo lo contrario a un ambiente de tolerancia. 

El derecho a nuestra mente = El derecho a la réplica


Como dije en La Protesta sin Bases: La misma libertad que tenemos para emitir nuestro mensaje la tiene el receptor para devolvernos su réplica. Y esto es fundamental.

Es una postura razonable la de compartir y sopesar argumentos de manera que, interactuando con otras personas, sea más probable para todos alcanzar un mayor grado de objetividad. De hecho, yo creo firmemente que la razón y la ciencia se nutren del intercambio de ideas con otros seres humanos. Pero precisamente, lo que permite la existencia de una comunidad de debate es el derecho a la réplica, la plena libertad de expresión, el intercambio voluntario de ideas, sin tabúes, sin límites, sin trabas.

El punto es que toda idea debe poder ser puesta en duda, e incluso ridiculizada, y esto tiene que ver con la libertad más íntima del ser humano: Su libertad a pensar cuanto quiera pensar. 

Limitar nuestro campo de opinión con respecto a otras opiniones, es como argumentar el ''derecho'' sobre la mente ajena (en cuanto a imponer a alguien el aceptar una u otra idea) es como negarle el derecho de expresión a unos en pro de otros (como suele suceder con el altruismo en general, que siempre va de sacrificios de intereses). ¿Aún no queda claro?

Ilustraré con un ejemplo: Imaginemos que alguien quiere que aceptes que su visión de la realidad como sagrada, negandote, incluso, la potestad para criticarla o hacer burla de ella.  De hecho, no hay necesidad de crear casos hipotéticos:  Esto sucede actualmente sobre todo con lo relacionado al Islam.

Recientemente, el estreno en estados unidos de un corto sobre Mahoma donde se muestra a los musulmanes como violentos y vengativos, desató una fuerte respuesta en Libia y Egipto donde algunos grupos, para desmentir el prejuicio, salieron a lanzar piedras y quemar banderas, lo que termino con el asesinato del embajador norteamericano en Libia. ¡Bien hecho! ahora nadie los tachará de violentos...

Para la mayoría de los musulmanes su religión y su dios son intocables, incluso si no estás de acuerdo con ella y su trasfondo ideológico. Numerosos son los casos en los que la comunidad islámica ha reaccionado de forma sumamente violenta contra algún valiente que ha decidido hacer uso de su libertad para expresarse. Pero lo realmente preocupante de estos casos es que nuestros amigos los progresistas tienden satanizar a la victima, al agredido, argumentando que ha faltado el respeto a la opinión de otros.

''Está mal meterse con la religión de otros'' - Afirman - ''Tiene que respetar las creencias de los demás'' -dicen con convicción.

Entonces, ¿La opinión individual no vale? ¿Quién respeta la creencia individual? ¿O será que la premisa tribal, el hecho de que sea un colectivo el encolerizado, resta valor a la opinión del individuo? 

Pareciera que el respeto también esta colectivizado, es la conclusión a la que llego al meditar sobre por qué una ola de violencia y asesinatos no parece una ofensa de mayor magnitud que un corto de doce minutos sobre alguna figura mitológica del medio oriente.

¿No sería lo racional esperar que los musulmanes aceptasen las respuestas que se susciten contra su idiosincrasia, en vez de mandar a callar a quien tenga alguna objeción?

¿Quién le debe respeto a quien? ¿Quién ofende a quien?

NO existe tal cosa como el derecho de unos sobre el contenido de la mente de los demás.  La actitud de censura, por más que quieran venderla como racionalismo crítico, es totalmente lo opuesto, es el credo del racionalismo oracular. No podemos obligar a nadie a que acepte nuestro punto de vista; debe haber libertad para que cada quien indague sobre lo que puede o no ser real.  

No tenemos porque dar validez a una idea ''porque sí''. Tenemos el deber de tolerar la pluralidad, pero no de  otorgar la razón a diestra y siniestra, sin ningún juicio de valor o según el "homo-mensura" de Protagoras, para el cual ''hay verdades como seres pensantes''. 

Cuestionar o desafiar una idea no es un irrespeto. El respeto lo debe quien intenta imponer su idea como sagrada o intocable, bajo el chantaje o la amenaza como única justificación.  El respeto es precisamente la lucha contra quienes, por imposición, desean establecer que ''la verdad es esta o aquella''

No diré que algunas opiniones no sean desagradables u ofensivas, e incluso totalmente equivocadas, pero como individuos, si estamos seguros de nosotros mismos y de nuestras ideas, debemos ser capaces de resistir la crítica e incluso la sátira, y poder reflexionar sobre nuestra rabia, insisto, aunque esté justificada, porque a lo que no tenemos derecho es a agredir físicamente a alguien por pensar diferente. Quien actúa así, no solo demuestra una terrible irracionalidad, sino un gran complejo de inferioridad.

En resumen, el respeto lo debemos a las personas, no a las ideas. No gemir porque nuestra postura ideológica sea inmune a la crítica, mientras atacamos mediante el insulto y la descalificación personal. Ese es el terreno de la irracionalidad, donde las ideas son sagradas y la vida privada del hombre es el objeto del ataque. Lo coherente es invertir esa tendencia.

La única discusión racional se da en el campo de las ideas, es decir, de la argumentación. Cuando las ideas se tornan incuestionables, no queda otra solución a las disputas más que la violencia, verbal o física.

"Respetar las ideas" significa respetar al que opina: no vejar a una persona por las ideas que sostenga. Esto no equivale a un blindaje de esas ideas contra la crítica. Pedir respeto bajo esos términos (los del blindaje) es a su vez una falta de respeto hacia cualquiera que piense distinto.

Cuando se toman las diferencias de opinión por afrentas u oprobios, es que no se está en el terreno de la razón o el consenso, sino atrincherado en el fanatismo. Ponerte a la defensiva, recurriendo al ad hominem cada que alguien tenga una objeción con tus ideas, es otra forma de intolerancia.

La herramienta definitiva para combatir una idea, es otra idea. Los argumentos se destruyen con mejores argumentos, y si estos son vacíos, o simples descalificaciones, es siempre mucho más sencillo. Como he dicho antes, quien insulta otorga la razón, pero quien agrede, pierde mucho más que el simple debate. Pierde su condición como ente racional.

Piensa siempre en la máxima: ''cada quién es merecedor de sus ideas y de las consecuencias de estas'', y para definir que es lo verdadero, el requisito indispensable es ser libre. Este es el límite de la tolerancia.

Firma: Yo soy tolerante con las ideas ajenas, y esto significa que me importa un comino bajo que premisas quieras llevar tu vida siempre que no viole mis derechos. Pero no significa que vaya a darte la razón o que vaya a ser condescendiente contigo si no estoy de acuerdo.

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