Aún están a tiempo de ir a otro blog a leer otra cosa.

Voyeurismo Lírico es un polvoriento depósito de ideas al que vengo a divagar desde los quince años. Encontrarás artículos de opinión sobre ética, política y otros temas relacionados con la filosofía, así como también mis incursiones en la prosa poética y otras manifestaciones de la retórica.

Mis escritos son crípticos hasta para Turing y mis pseudoensayos son políticamente incorrectos (dos cualidades que, para colmo del lector, considero sendas virtudes). Las entradas con publicación previa al 2012 son francamente malas, y me avergonzaría de su existencia en la red si no fuera porque me recuerdan que, a pesar de todo, he aprendido a escribir durante estos años.

Bienvenido al blog que nadie lee, del infortunado estudiante de filosofía que tiene ínfulas de escritor pero vive en Venezuela.

martes, 1 de enero de 2013

¿Ser o Estar? Psico-Epistemología De La Procrastinación.



Cada día nos elegimos. Desde que abrimos los ojos al despertar, hasta el momento en que nuestros parpados caen y nos rendimos a los brazos Morfeo. Estamos constantemente escogiendo lo que somos y lo que queremos ser a través nuestros actos. Esta es la responsabilidad por la vida y por la libertad, una responsabilidad que puede ser ignorada, pero nunca sus consecuencias eludidas. No elegir, es una elección. Querer no ser, la gran ironía del Dasein

Para algunos la responsabilidad de ser es un peso insoportable. Desearían ser un objeto no animado, dejarse llevar por el oleaje bravío del mar de la realidad e ir a parar a donde sea que “su destino” hubiere de llevarles. Preferirían ser mandados, sumisos, ceder el volante de sus vidas a cualquier otro con interés de guiarla, sin preocupación de ser conducido al más profundo de los abismos y no salir de allí jamás.


Sartre describiría este fenómeno como la mala fe, o el acto de cosificarse a uno mismo. Vernos como cosas y no como seres. La flojera y la apatía son dos manifestaciones de esta mala fe. Están hastiados de la existencia, abrumados ante la perspectiva de construirse a si mismos. ¿Cómo se llega a este punto? este estado no suele ser inmediato, sino crónico. Es la consecuencia final del basurero que hacemos de nuestra consciencia. De horas, días, años de malas costumbres, de aceptar premisas contradictorias sin molestarnos en conceptualizar. De años sin hacer una breve introspección, sin poner en juicio nuestras más fuertes creencias, y en conclusión, de hacer de nosotros un desastre. Un manojo de frustraciones y miedos, a veces, irracionales. 

La cosificación comienza precisamente con la evasión de uno mismo. Cuando comenzamos a postergar la toma de decisiones concreta, para procrastinar un rato (¿Por qué hacer hoy lo que puedo hacer mañana?) y nos surge el deseo de evadirnos no solo en. acto sino en pensamiento. Así como cuando nos acostumbramos a no indagar demasiado en ideas que nos son dadas porque es más cómodo y comenzamos con uno de los actos más peligrosos y nocivos para con nuestra mente: La racionalización, esa forma de justificar nuestras  acciones después de llevarlas a cabo, de falsear nuestros actos, pensamientos y emociones, falsearnos nosotros. 

La procrastinación empieza como placer culposo y termina como hábito que rompe la voluntad: Pasamos de postergar todo lo postergable, ("es solo flojera" nos decimos, "solo un mal hábito") a yacer sin intenciones de otra marcha que no sea la inercia (o alguien que nos empuje). Las mentiritas blancas con que forjamos la base de nuestra mente se hacen demonios que bloquean la puerta al pensamiento activo, a la racionalidad, y a cualquier posibilidad de estabilidad emocional. Se forjan murallas de excusas, ejércitos de chivos expiatorios y se es capaz de comprometerse con cualquier cosa, menos con sí mismos.

Se ha enseñado al hombre a comprometerse con todo menos consigo mismo y las lógicas consecuencias han tenido lugar en nuestros días. No sorprende que muchos se ahoguen en alcohol para destruir su lucidez y después poder decir "No pude evitarlo". No sorprende que fumiguen su cerebro con drogas que los hagan huir de la consciencia y el auto-dominio para después afirmar con melancolía: "no estaba consciente, no era yo mismo".

 No sorprende que la gente busque serenidad en las masas, en la protección tribal, y no en ellos mismos o el mundo eidético, mientras afirman enérgicamente: "No decido yo, es por la patria/ el bien común / el partido / Dios. No sorprende que pocos sean capaces de emitir un juicio propio, una idea sin permiso, que la mayoría deba mirar desesperadamente a los lados antes de arriesgarse a pensar, buscando por alguien que justifique sus acciones, para luego poder culparlo y decir "Tu me dijiste que lo hiciera"

No sorprenden las sonrisas cínicas, ofensivas, ante la afirmación de la pseudo-ciencia de un universo determinado, o de unos génes dominantes que dibujan al humano como un títere de si mismo, ignorante de sus propios impulsos. Misma sonrisa nerviosa del fanático de la astrología, quien acepta gustoso un "destino"   distinto cada día, de la mano de la confiable prensa del siglo XXI.

Claro que quien cree en un destino ajeno a su voluntad, al final lo encuentra. Ese destino es el fracaso.

No sorprende que la petición de consejos ya no sea síntoma de prudencia sino una sublime manera de relevar la responsabilidad por nuestras decisiones.. No sorprende que exista la alienación, la fe ciega en gurúes que prometen soluciones místicas a los problemas que el paciente se niega en identificar. No sorprende que el hombre entregue su voluntad en bandeja de plata a cualquier megalómano de turno que le prometa librarse de la carga de vivir por su cuenta y que el autoritarismo y las dictaduras sigan vigentes y aclamadas después de tantas atrocidades. 

La cosificación y la alienación nos transforma, nos hace perder nuestros rasgos humanos y mutar en enormes parásitos que buscan su identidad en un cuarto de espejos. 

El príncipe Hamlet se preguntaba: ¿Ser o no ser?, y digo yo, ¿no sería mejor preguntar "ser o estar"?  -me complace el castellano en su acierto de diferenciar los verbos, rechazando el pecado del verbo “to-be”  -porque no basta con ocupar un lugar en el espacio-tiempo para realmente ser. 

Decidir por uno mismo, decidirnos, es un acto de compromiso total, un acto de libertad suprema, de forjarnos (cuerpo y mente) a voluntad, de vivir y no de reptar en lento suicidio y agonía, lamentándonos por la supuesta maldad inherente de un universo que nunca nos molestamos en comprender. 

¿Qué somos al final? Nuestros actos: estos son los que nos definen. Date tu definición, que nadie tiene el potencial de hacerlo por ti. Aprende a vivir por amor a la vida y no solo el miedo a morir. Piensa ("piensa lo que quieras pero piénsalo" como dijo Savater) y crea, que crear es quizás la virtud que mas honra la existencia. 


Firma: Enfrenta la realidad, o húyele de por vida, hasta que esta te consiga en tu vejez y no tenga piedad cuando en un breve flashback te preguntes: “¿Qué hice con mi vida? ¿Qué fue lo que hice de mi?”

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