Aún están a tiempo de ir a otro blog a leer otra cosa.

Voyeurismo Lírico es un polvoriento depósito de ideas al que vengo a divagar desde los quince años. Encontrarás artículos de opinión sobre ética, política y otros temas relacionados con la filosofía, así como también mis incursiones en la prosa poética y otras manifestaciones de la retórica.

Mis escritos son crípticos hasta para Turing y mis pseudoensayos son políticamente incorrectos (dos cualidades que, para colmo del lector, considero sendas virtudes). Las entradas con publicación previa al 2012 son francamente malas, y me avergonzaría de su existencia en la red si no fuera porque me recuerdan que, a pesar de todo, he aprendido a escribir durante estos años.

Bienvenido al blog que nadie lee, del infortunado estudiante de filosofía que tiene ínfulas de escritor pero vive en Venezuela.

miércoles, 9 de enero de 2013

¿Y si Atlas Renuncia?



Una cita con la historia.

Es posible hacer predicciones muy precisas a futuro. Escribir hoy algo que siga siendo válido dentro de 50 años (con pesar de los incautos que desprecian el estudio de la historia y las premisas de las ideas con las que se comprometen). No se trata de clarividencia o algún tipo de razón oracular o revelación mística, sino de una capacidad que todos poseemos pero muy pocos practican: La abstracción. 

Quienes desestiman las leyes causales, así como aquellos que suelen juzgar una idea por solo el primer y último eslabón de la cadena argumental, lo tienen más difícil, pero Filósofos y estudiosos (algunos con mayor atino que otros) suelen tener esta habilidad. Uno de los casos más impresionantes es el de Ayn Rand y su epistemología objetivista, tan claramente expresada en cada una de sus novelas. La más ilustre: la rebelión de Atlas (Atlas Shrugged) y su advertencia al mundo de lo que sucede en una sociedad que inmola a sus productores ante la ambigua pretensión de un "bien común".

Al menos la mayoría de las personas con una mentalidad saludable, si bien no se preocupen en exceso por los demás, seguro que desean buena fortuna y felicidad a sus prójimos. Irónicamente, no podemos decir que sean muchos aquellos que se dan el tiempo de analizar cuales son los medios que pueden o debieran realmente seguirse para perseguir tan ansiado fin. Es de ambas características del hombre promedio que las élites pseudo-intelectuales con ansias de poder (poder sobre otros hombres) se han aprovechado desde el siglo XX para consumir y destruir todo lo bueno que puede producir la mente y el esfuerzo humano, a expensas de un "bien superior" que jamás hizo presencia. Así, el fantasma del colectivismo se ha paseado por nuestra sociedad bajo diferentes nombres y versiones. A veces como Fascismo, a veces como Comunismo. Pero los resultados siempre han sido los mismos: Los medios jamás fueron leales a los fines, y aunque se sacrificó todo lo que se supone debía sacrificarse, los resultados se devolvieron en contra a las masas desconcertadas, como un boomergang llamado realidad.


Y aunque el culpable se desfilaba ante todos como si se tratase de Griffin, el albino invisible de G.Wells, dejaba huellas de suciedad y miseria a su paso. Pocos se percataron y se asumió que quizás no se habían hecho los sacrificios suficientes. Se culpó entonces a los mismos productores, desde el pequeño empresario hasta el magnate de la industria, todos tenían una "obligación moral" para con el resto: Mantenerles, alimentarles, cargar con ellos. Su visión y trabajo no eran virtudes, sino una condición por la cual pagar. Su mérito fue transformado en razón de castigo. "De cada uno según su capacidad, a cada cual según su necesidad".

Nadie se preguntó ¿Cómo se mide la necesidad? Nadie gritó: ¡El valor es la producción!, ¡Lo que satisface nuestras carencias es la producción!, ¡ la virtud, es la producción!. Pero se dijo que el burgués era un extorsionador, un ladrón y esclavizador. Entonces se erigieron dictadores para "solucionarlo". Se dijo que no había diferencia entre crear y robar. Entonces nadie se percató de distinción alguna entre empresarios y burócratas (Y estos segundos se multiplicaron sustancialmente)

La necesidad era la nueva regla. Los avances tecnológicos - producto de mentes brillantes - la gran variedad de opciones en el mercado - producto del esfuerzo y trabajo de los emprendedores - todo ello quedaba en segundo plano y sin mucho merito que destacar. De hecho, por la manera de hablar de la mayoría, la existencia de estas cosas era casi de carácter metafísico. O siempre habían estado así, o crecían con facilidad en los árboles. "Cualquiera puede emularlo", decían, "pero sería más justo si los responsables no obtuvieran tantos beneficios". Así que se propuso que el estado se erigiera como juez sobre como debía producirse, lo que debía producirse, y sobre que le correspondía a cada quién. 

Pero los proyectos de planificación terminaron con empresas quebradas, con una población desmotivada e incapaz, una escasez o un hambre abrumadores (Casos como la URSS, Chile, o Cuba) por un lado, y con pueblos esclavos y millones de vidas aniquiladas (como con la Nationalsozialistische en Alemania) por otro. Las masas observaban de nuevo absortas como se cumplía aquello que habían querido evitar: En todos estos casos surgió una élite que vivió en perfectas condiciones, a expensas de los demás. Esta vez, sin producir, sino "distribuyendo justamente".

El mundo jamás aprendió la lección (prueba es la multiplicación de estos estados de "bienestar") aunque los nuevos gobiernos disfrazaron sus intenciones bajo los nombres de democracias. El daño estaba hecho, y fue hecho por omisión: Pocos salieron en defensa del viejo modelo "obsoleto" de libertad, y los que lo hicieron fueron silenciados, menospreciados o censurados.


Venezuela: La tarea de abastecer un país.

"El poder económico se ejerce a través de lo positivo, ofreciendo a los hombres una recompensa, un incentivo, un pago, un valor. El poder político se ejerce a través de lo negativo, por la amenaza de castigo, daño, encarcelamiento y destrucción. Las herramientas del hombre de negocios son los valores, la herramienta del burócrata es el miedo." - Ayn Rand

Venezuela lleva 14 años con su proyecto de socialismo. Al día de hoy una nueva élite de burócratas millonarios sigue acusando a los corruptos de los viejos gobiernos de tener el país como está. Los señalan como oligarcas, teníendo la mayoría (de los miembros del oficialismo) cuentas de banco con cantidades de dinero sorprendentes, múltiples inversiones en el extranjero y carísimos automóviles del año. ¿Su mérito? deprimentes espectáculos en la Asamblea Nacional y un sin fin de Ministerios (la mayoría de ellos desconocidos y de fines dudosos) que garantizan al gobierno una población votante dependiente y fiel. El dinero corre a causa de los negocios informales, el robo y la corrupción, aunque lo único que ha aumentado es la inflación y los casos de muerte violenta a manos de la delincuencia impune. Nuestro estado cultural es semejante a la situación de Gregorio Samsa después de su metamorfosis: ha sido fortalecida una mentalidad parasitaria que venía como herencia de varias generaciones atrás. Las mismas mujeres embarazadas de su 7mo u 8vo hijo salen en televisión delante de una precaria "vivienda" de zinc o ladrillo sin pintar, cayéndose de basura, exigiendo al estado resolver el fracaso de su vida. Los robos a todo nivel, parte del statu quo. A todas estas, las subvenciones del estado, como un apartamento, o una Tv de plasma nueva (pese a que, según la propaganda gubernamental, ser rico es malo) sirven para callar cualquier disconformidad por parte del sector popular.  

El emprendimiento ha sido castigado con duros impuestos (incluso al pequeño comerciante) a menos que sirvas de trofeo al estado, caso en el que los favores vuelan sin pedirlos dos veces, o que seas un buhonero (vendedor callejero) y no se te exija pagar un céntimo ni por ocupar toda una acera día y noche. Los servicios, como la energía eléctrica,  los consumen todos pero lo pagan pocos, pues una gran mayoría de habitantes de los barrios roban la luz del cableado público. Situación que ha derivado en un deterioro de la calidad del servicio y en la imposición de severas multas a los consumidores que si pagan,  pero que según el criterio del gobierno "se exceseden en el consumo".

Al país lo mantienen las importaciones y unos cuantos férreos productores de quienes depende todo nuestro abastecimiento de alimentos y servicios (como quedó evidenciado en el paro nacional del 2002 al que el gobierno respondió con muchas expropiaciones y el menor rendimiento -como era de esperarse). Pese a toda la parafernalia socialista, la producción no ha aumentado, y el proyecto del estado por abastecer los anaqueles terminó materializado en el "Mercal", una red de abastos donde los Venezolanos hacen enormes colas de hasta horas para comprar algún producto importado, de baja calidad o producido por la Polar, en algunos bolívares menos, como si fuera un regalo divino.

Y me detengo en la Polar, y es que pese a no ser la imagen por excelencia de la honestidad empresarial, son el principal productor de alimentos en Venezuela. La empresa privada con más de 70 años de historia, ha cargado en sus hombros con la labor de producir para todo un país, ¿bajo que motivación? el éxito, el emprendimiento y unas ansias de progreso.  Pero aunque la mayoría desayuna, almuerza y cena con productos de marca Polar (incluida la cerveza en el momento de disfrute u ocio) un chavista cualquiera expresará su deseo de verla caer: "No la necesitamos, esos corruptos se pueden ir del país. Es más, ¡Chávez debería haberlos echado ya!" Se pronuncian con presteza. 

La Actualidad. Hienas y Cuervos.

El pasado 7 de octubre, Hugo Chávez fue reelecto para su tercer mandato consecutivo. Acto seguido su terrible enfermedad atacó de nuevo y desde el 11 de Diciembre el mandatario no ha pisado suelo Venezolano. Los rumores sobre su vida vienen y van, y mientras tanto el país es gobernado por un ente ambiguo, amorfo. La prensa y las redes esperan que con Cabello y Maduro (presidente de la asamblea y vicepresidente de la república) se recree lo sucedido con Stalin y Trotsky.

La zozobra reina en las calles, los ciudadanos se abastecen de provisiones en espera de una resolución caótica. Pero cada vez hay menos opciones en los supermercados y abastos. La escasez ha vuelto y nos llega el recuerdo del 2002.


Una entrevista casual.

"Mercal no puede sostener al país" declaraba una mujer chavista. Ante la situación, varios partidarios del gobierno han acusado a Empresas Polar de "acaparamiento" y especulación. Lo que a mi suena como una confesión desgarradora: La confesión de la propia incapacidad.

El gobierno grita de terror ante la posibilidad de perder el sostén de la empresa privada. Pese a la propaganda del canal del estado (que a decir verdad no es uno, sino muchos) que nos bombardea constantemente con que somos una potencia mundial, lo cierto es que seguimos dependiendo enteramente de la Polar. La reflexión de esta mujer - aunque con el enfoque erróneo - es una verdad cuasi tautológica. Mercal no puede abastecer al país. El estado no puede abastecer al país: Son incapaces, como el pueblo que han logrado forjar.

Los malos de la película son los productores, una vez más. "¡¿Cómo osan a renunciar a su sagrado deber de proveernos de alimento?!" dicen los humanistas. "¡¿Quienes se creen que son, queriendo usar el producto de su trabajo a su libre voluntad?! ¡Ese trabajo es de quienes lo necesita, no de quienes lo producen!" son las ideas que profieren . Para concluir con un "Bah, no los necesitamos, me alegraría mucho que esos cabrones se fueran".

El venezolano, criado bajo la sombra colectivista y una propaganda atroz es incapaz de relacionar lo producido con el productor. Como de si un chiste cruel de Keynes se tratase, creen inocentemente que lo importante es el consumidor y que quien crea no tiene nada que ver. 

La realidad.



"El valor económico del trabajo de un hombre está determinado, en un mercado libre, por un solo factor: El consentimiento voluntario de aquellos con la voluntad de comerciar con él a cambio de sus productos o de su trabajo." - Ayn Rand

Un árbol con manzanas es un recurso. Una cesta de manzanas es un servicio. Como reflexioné en "Los Verdaderos Derechos Humanos"  un servicio no es un derecho.  Nuestro derecho consiste en que ningún otro pueda cohibir nuestra búsqueda honesta por obtener esos servicios y saciar las necesidades. Pero a lo que no tienes derecho es a obligar a otros a ofrecerlos según tus condiciones (o pretender que hacerlo consiste una obligación moral por parte de terceras personas).

Tenemos derecho a aspirar por lo bueno, no derecho a que otros nos lo brinden. Hacer de las necesidades un motivo de "derecho" implica la obligación de otros a saciarlas. Implica acabar con la libertad y con cualquier concepción decente de justicia.

En lo que se refiere al intercambio comercial, este debe ser libre y voluntario en ambas partes. Es decir, por consenso.  Si alguna de las dos partes no está de acuerdo con la transacción siempre puede cancelarla. Así, ni la Polar tiene obligación de vendernos ni nosotros de comprarle. Cualquier otra vía es robo o extorsión.

Lo mismo opinaría de ser cierto que la Polar deja podrir toneladas de su alimento en sucios galpones, así como si decidiera incendiar sus fábricas, emulando a D'Anconia o Wyatt. Es su trabajo lo que se quema, es su dinero, es su tiempo. Si piensas que no pueden, que su producto te pertenece más que a ellos, reflexiona: ¿De dónde sacarías tu alimento si ellos no lo elaboraran y distribuyeran? 

La única lucha ética posible es la de hacer algo mejor, la de competir, la de producir nosotros y poner nuestras propias condiciones. La lucha que probablemente se libre sea el saqueo y la destrucción irreflexiva. pero aunque roben y mientan, el boomerang de la realidad siempre regresa, y si algo que no puede falsearse son las consecuencias en un mundo causal.

Aúpo el clamor popular: Si, que se vaya la Polar. A diferencia de ellos sé exactamente lo que esas palabras significan, pero quizás solo así se demuestre lo impostergable. Que se encojan de hombros, que renuncien las mentes capaces. Solo entonces veremos hasta donde llega la presupuesta omnipotencia de la necesidad, y entendamos de quién es la culpa.

Si Atlas deja caer el mundo, ¿Podrán sostenerlo? 

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