Aún están a tiempo de ir a otro blog a leer otra cosa.

Voyeurismo Lírico es un polvoriento depósito de ideas al que vengo a divagar desde los quince años. Encontrarás artículos de opinión sobre ética, política y otros temas relacionados con la filosofía, así como también mis incursiones en la prosa poética y otras manifestaciones de la retórica.

Mis escritos son crípticos hasta para Turing y mis pseudoensayos son políticamente incorrectos (dos cualidades que, para colmo del lector, considero sendas virtudes). Las entradas con publicación previa al 2012 son francamente malas, y me avergonzaría de su existencia en la red si no fuera porque me recuerdan que, a pesar de todo, he aprendido a escribir durante estos años.

Bienvenido al blog que nadie lee, del infortunado estudiante de filosofía que tiene ínfulas de escritor pero vive en Venezuela.

domingo, 3 de febrero de 2013

El Sistema Educativo y La Prostitución Intelectual.



Sí, lo confieso, ante el sagrado umbral del aula de clases he sido una puta del mundo eidético. He prostituido mi mente, les he dado lo que querían leer de mi. He vendido mis principios por una sucia calificación. ¡Un cochino 20!* un número que dice mucho y dice nada. Maldita la ostentación de este falso mérito, de esta licencia académica para hablar y pensar que he aceptado sobre las bases de su  putrefacto pantano de ideas confusas y ponzoñosas. Profane mis fines con sus medios. ¿Qué me queda? ¿Qué le queda al hombre que habla con voz ajena?: Un negro cuervo que se posa en el alféizar de mi ventana y susurra a mis oídos: "Nunca más".

Con la esperanza de un futuro independiente y con espíritu valiente y decidido he entrado a su fábrica de hombres con cerebros positrónicos. "Repetiré sus eslóganes obsoletos, les daré lo que quieren y en un futuro mis ideas romperán contra las suyas como marea contra el despeñadero", "Será como hackear el sistema", "ellos serán los engañados, no yo". Fueron esas mis razones para actuar, pero me comprometí (¡si que lo he hecho!) e imaginen cuantas mentes han sido destruidas por esa nefasta actitud. Imaginen cuanto terreno ha ganado la irracionalidad por omisión, por el desdén de los hombres que podrían detenerla.

En esa encrucijada nos pone nuestro sistema educativo: Muere o únete a la causa. Adáptate al establishment, mantén el statu quo o se reprobado. No se trata de enseñar, sino de condicionar. No debemos aprender a pensar, sino a responder como se espera que lo hagamos. Somos el perro y ellos Pávlov, y cuando suena la campana, toca babear. Nuestras universidades son el sueño hecho realidad de algún siniestro genio loco de la talla de Skinner. 

Algunos hombres deseosos de conocimiento, pero desarmados de la capacidad para reconocer la trampa, se disponen a obedecer. Otros, melancólicos ante la idea de lo que podría ser pero no es, deciden solo seguir el juego. Necesitan el credencial, el diploma, pues se vive en una sociedad donde lo  importante es la tarjeta de presentación pero pocos se preocupan por desentramar cuales son los mecanismos para hacerse de una. 

¿Qué clase de seres humanos fabricamos en esos grandes prostíbulos intelectuales a los que llamamos universidades? ¿Cuantos genios tenemos en relación con autómatas sin criterio? Si no eres un dócil miembro del coro de ovejas, eres basura. Nos equipan con un sensor automático para señalar a quien se atreve a pensar por su cuenta sin pedir permiso ni perdón, y rechazarlo sin piedad. Escupir a su independencia y hacerlo claudicar, no ante la evidencia de su error, no mediante la persuasión de mejores argumentos o el peso de los hechos, sino la simple y llana coerción. 

Exigimos capacidad para memorizar, más no para analizar. Exigimos cosechar de mentes ajenas, más no cultivar las propias. Exigimos duplicar estructuras, más no ver a través de sus fallas.

Exigimos uniformidad, no autonomía. 

Se vale discernir sobre lo superficial, más nunca sobre los fundamentos. La frase de cabecera para responder a quienes se atreven a fabricar una idea propia es: "¿Y quién más afirma eso que tú dices?", hemos construido un culto a los nombres, más no a la búsqueda de verdad. Vivimos en una sociedad donde las palabras de otro (de cualquier otro) valen siempre más que las propias, debido simplemente a eso: por ser producto de otra mente, como si la construcción de un argumento racional o la elaboración de una idea brillante fuese un enigma tan complicado que lo atribuimos a la magia y la hechicería.

¿Qué ha ganado nuestro sistema?. Cual monstruo de Frankenstein, mentes construidas con retazos de obsoletas ortodoxias. Unas cuantas mentes son capaces de resistir, como pequeñas fuentes de fulgor que, sin embargo, se ven rodeadas de sombra y son condenadas a la soledad, como penitencia por su osadía. No existe incertidumbre sobre la raíz de esta oscuridad que nos rodea: es fruto de la llama de Prometeo, que al no avivarse, se extingue lenta y mortífera. 

Esta, mi terrible confesión, es la de alguien que ha entendido el problema y no ha comenzado su lucha. Una  lucha (cabe aclarar) cuya motivación no se encuentra en la hazaña altruista, mas en el amor mismo por la razón y la verdad. Por el mundo que podría ser y no es.  Lo peor ha sido entender que esta especie de estoicismo con que me conducía se parece más a una actitud acomodaticia que a un complot secreto contra el estado de las cosas.

Este no es un lamento de rebelde sin causa, o de soñador utópico. El tribunal de la razón ha aceptado demasiados sobornos y lo que está en juego es nuestra propia integridad mental. Nos han dicho que la intransigencia es un pecado, pero ha sido su método desde un principio. La intransigencia (esa clase de intransigencia que solo se sacia y se detiene ante un argumento o una perspectiva mejor) será también mi camino, en mi batalla por el balance, y si tú, ávido lector, también observas con preocupación la luz al final de la caverna, te invito a arriesgar. 

Sí, el enemigo es el conformismo y la indiferencia, pero como toda lucha respetable se ejecuta a favor de "algo", y no solamente en contra de "algo", el objetivo es trabajar a favor de una mentalidad más filosófica, de abstracción y no solo percepción. No de repetición de refranes o de sabiduría enlatada, sino de intentos honestos y exhaustivos de hallar verdadero conocimiento. La meta es trasladar esta forma de pensar a nuestras escuelas y universidades. 

¿Cómo? no es que actuar como testigos de Jehová vaya a ser realmente útil. No, el método no es el proselitismo, sino el simple debate, en el momento oportuno, con la gente dispuesta a escucharte. No es necesario hacer grandes convocatorias, ni armar grupos de propaganda: Sembrar una simple duda, durante una simple objeción, y hacerlo siempre que estemos en descontento con una idea expuesta como tautológica, es más que suficiente.  

Si, en ciertos casos, cuando a quien hacemos frente es a una autoridad, el ímpetu puede desaparecer, podemos creer que es mejor evitar los problemas, seguir la corriente (como yo alguna vez consideré) pero es precisamente a la autoridad a quién debemos hacer frente con mayor confianza en hacer lo correcto. Son las autoridades incuestionables quienes construyen al mayor enemigo del pensamiento libre: los dogmas. Si queremos que la sociedad de a luz profesionales que sean más que discapacitados mentales, parásitos de alguna élite intelectual, debemos empezar por retirarle a estas élites el free pass a nuestros cerebros y montar unas estrictas aduanas. Cambiar la mente "abierta", por una mente "activa" que requise cada idea antes de dejarla pasar.

Cuestionar como inicio de la duda, la duda como camino a una mayor comprensión, la comprensión como camino a la verdad, la verdad como camino a la libertad. Libertad para seguir cuestionando. Sin ánimos de sofismo, no en una competencia por ganar discusiones, o de probar nuestro poder de convencimiento, sino por el mero aprecio al correcto entendimiento, no solo de la vida, sino entre nosotros mismos. Tan bello como la defensa honesta de una idea, es la capacidad de rectificar al entender que hemos errado, pero esa capacidad para entender nuestros errores solo es posible cuando nos aventuramos a idear más allá de los límites que nos impongan, pudiendo observar la pintura completa y no solo unas cuantas pinceladas, trazadas  por unos u otros que ostentan el monopolio de la opinión. En esta vida encontramos de todo, ideas correctas e ideas erróneas, pero la única forma de separar unas de otras es estudiándolas todas. Y a diferencia  de una conversación cotidiana, donde cada quién tiene la libertad para oír o evaluar lo que guste, nuestros profesores tienen el deber (siempre y cuando deseen realmente enseñar) de dar una buena razón a la hora de mostrarnos equivocados.

Y nosotros, como estudiantes, tenemos el deber (si queremos realmente aprender) de no callar cuando pensamos que tenemos una buena razón para dar una educada pero contundente contestación. ¿Que podemos perder mucho? si, pero la pregunta importante sería: ¿qué ganamos realmente si nos acomodamos? ¿qué tanto vale un título universitario obtenido, no gracias a nuestros ideales y sueños, sino sobre ellos?. 

La integridad no se plasma en un papel. 

Firma:  Ser políticamente correcto abre muchas puertas. Pero ser sincero y fiel a las propias ideas abre las puertas correctas.

*1. En Venezuela, la máxima calificación obtenible en un test o examen es de 20 pts.

2 comentarios:

  1. Me gusta mucho tu forma de escribir, como los anteriores artículos. Veo que el problema es muy semejante aquí en México, donde en las escuelas se enseña no a pensar con el propio cerebro, sino a repetir como pericos, no a crear, sino a copiar. Es como una herida en la piel que comienza a infectarse, dañando al sistema nervioso hasta que llega la gangrena y finalmente la muerte. Pero creo que la fuente de la herida es la propia cultura, ¿por qué? porque creemos que el estado tiene la responsabilidad de nuestras propias vidas, en vez de que cada uno de nosotros fije sus propias metas y luche con su propio esfuerzo para alcanzarlas, se cree que el estado debe pensar por ti y cumplirlo por ti. El problema es el altruismo, ya que nosotros nos sacrificamos por la sociedad, esperamos que la sociedad se sacrifique por nosotros, que todos tienen que pagar nuestro techo, nuestra salud, nuestro autosustento.

    Lo mejor es como dices, atacar sus premisas desde la raíz: en el mundo de las ideas. De nada sirven marchas y protestas si no se comprende la raíz de las mismas, de nada sirve luchar por la libertad si tu idea de libertad es esclavizar a otros. Por eso, antes que cualquier cosa, lo primero es rebelarse contra sus premisas básicas, destruirlas una por una, demolerlas como un martillo que va derrumbando una pared.

    ResponderEliminar
  2. Es bastante curioso todo lo que comentas en esta entrada, cuando ninguno esta de acuerdo con tus propias ideas te sientes pequeño y mas cuando te lo restriegan en la cara y te pregunten el clásico "Quien dijo eso?" es curioso que el hecho de tener un pensamiento o una idea diametralmente opuesta a la de los que te rodean signifique directamente que tu palabra no valga, es curioso que razonar y analizar sea de gente mediocre según los que no razonan ni analizan... Tu entrada me recuerda a un profesor de matemática que a todo nos preguntaba el por que, con intención de que aprendiéramos a analizar y no solo a memorizar. Por que 2 mas 2 es 4? es algo que va mas allá de solo decir "por que si", hay un párrafo de tu articulo que me ha hecho pensar seriamente en dejar de quedarme callado para ahorrarme problemas a la hora de oponerme o plantear otra idea ante una "autoridad", no había escrito antes en tu blog te felicito por tu manera de escribir y expresar tus ideas ademas de argumentarlas excepcionalmente (argumentar es tan poco común que el hecho de que alguien lo haga ya es excepcional).

    PD: Soy un maestro del sarcasmo que alguna vez te halago. *MensajeSubliminal* XD

    ResponderEliminar

Todos los derechos reservados.

Todos los articulos aquí publicados son única y exclusivamente de la autoría de Manuel Gerardi Y tanto estos como el Kuaguro están protegidos bajo derechos de autor.



















Buscar este blog