Aún están a tiempo de ir a otro blog a leer otra cosa.

Voyeurismo Lírico es un polvoriento depósito de ideas al que vengo a divagar desde los quince años. Encontrarás artículos de opinión sobre ética, política y otros temas relacionados con la filosofía, así como también mis incursiones en la prosa poética y otras manifestaciones de la retórica.

Mis escritos son crípticos hasta para Turing y mis pseudoensayos son políticamente incorrectos (dos cualidades que, para colmo del lector, considero sendas virtudes). Las entradas con publicación previa al 2012 son francamente malas, y me avergonzaría de su existencia en la red si no fuera porque me recuerdan que, a pesar de todo, he aprendido a escribir durante estos años.

Bienvenido al blog que nadie lee, del infortunado estudiante de filosofía que tiene ínfulas de escritor pero vive en Venezuela.

martes, 19 de febrero de 2013

Entre la Tecnología y la Ignorancia.


“Hemos creado una civilización en la que sus elementos más cruciales dependen profundamente de la ciencia y la tecnología. También hemos arreglado las cosas para que casi nadie entienda de ciencia y tecnología. Esa es una receta para el desastre. Tal vez nos salgamos con la nuestra un rato, pero tarde o temprano esta explosiva mezcla de ignorancia y poder nos va a volar la cara” - Carl Sagan


Televisión LED o LCD, bluray, computadoras, smartphones, videojuegos, conexión a internet, dispositivos de almacenamiento...En un futuro los historiadores bien podrían denominar este siglo "la edad de la tecnología", y es que, si bien en un pasado el progreso en materia científica había ido desarrollándose con una relativa lentitud, en la última década se ha disparado con velocidad vertiginosa. Artefactos revolucionarios de hace 5 años ya son considerados obsoletos. Vivimos en la era de la información globalizada, del apogeo de un metaverso digital, de los avances y las innovaciones en todos los campos de la ciencia, pero sobre todo lo que respecta a ítems de uso diario, de incremento de la comodidad en el hogar, del acceso ilimitado a todo tipo de información y que propician el auge del intercambio social, y por ende, económico.

El raudo florecimiento tecnológico se ha convertido en una nimiedad más de la cotidianidad. Se espera que sea así. Cada año los consumidores impacientes escrutinan el mercado en busca del nuevo modelo de Ipod, del nuevo celular de gama alta de la Samsung, de la tablet con más aplicaciones, de la laptop más veloz y un sin fin de etcéteras. Estos magnificos artilugios, sueños fantásticos de los Da Vinci o Tesla, se han mezclado con nuestro día a día, forjando una relación cuyo término resulta impensable para cualquier individuo de una sociedad civilizada (o en apariencia civilizada).

Sin embargo, ¿podemos predicar un desarrollo similar en nuestro nivel de comprensión hacia la tecnología? ¿ha ido la prosperidad social y el ánimo intelectual "in crescendo"?

La pregunta anterior resulta tramposa. Es imposible responder algo relevante dada la forma en que está conjugada. En efecto, la respuesta sería: "Si, y no". Así como un bosque es un conjunto de árboles, un colectivo es un conjunto de individuos, y si algo caracteriza a un gran conjunto de seres humanos, es la variedad y la disparidad. Pero, aclararemos entonces:  Nos jactamos de ser todos individuos tan completos y desarrollados como los triunfos científicos de nuestra época, y solemos apropiarnos todos de esos triunfos como mérito de la "humanidad", pero ¿somos, en general, una sociedad más avanzada, más racional en la solución de conflictos o capaces de comprender el complicado mundo que se ha erigido en los últimos años? 

La respuesta resulta más alarmante que el simple "no". La respuesta es que, en general, no solo se ignoran estos detalles, sino que existe un total desinterés al respecto.  Los historiadores, desde un enfoque pesimista, también podrían catalogarnos como la era del desdén. 

Claro, hay que evadir el fatalismo en pro de la objetividad y seguir en la tónica de no caer en generalizaciones. Cierto que existen personas preocupadas y con afán de conocimiento, capaces de seguir parcial o plenamente los avances tecnológicos e interesados en comprender cómo funciona el mundo en el que viven. Pero trágicamente, estas personas son una excepción. La mayoría recibe el fruto de la ciencia con la naturalidad y excitación de un cherokee al ver llover después de efectuar su danza. Las cosas funcionan, y es lo único que importa. Aprender a utilizarlas para el goce personal es para lo que se enfoca la atención.

Evidentemente, no todos tenemos madera de ingeniero, físico o informático (entre los que me incluyo) y no todos podrían tener el interés de una comprensión a fondo de todos y cada uno de los elementos tecnológicos que nos rodean, pero es preocupante lo raro que es el surgir de (al menos) la duda superficial, entre la gran mayoría de los hombres de nuestros días. ¿Cómo tan maravillosas demostraciones de ingenio humano no consiguen despertar si quiera  la curiosidad? ¿Cómo es posible convivir entre tanto virtuosismo, ¡entre tanto ingenio!, y no preguntarnos "¿cómo lo hacen?"?



La introspección querido lector, es una cualidad que parece irse perdiendo. Si la indagación fuese un don genético, podría afirmar que ha pasado a ser un gen recesivo.

Cuánto brillo no despiertan esas chispas de asombro, de cuando nos detenemos en el vaivén de nuestras vidas y observamos con distinto enfoque aquello que vemos todos los días, solo para preguntarnos "¿cómo funciona?",  para sentir admiración por las mentes responsables de tales obras de arte o para siquiera imaginar la gama de posibilidades que nuestro universo nos ofrece para expandir nuestros conocimientos (que ciertamente, es impresionante). Podemos extender nuestros sentidos desde lo micro hasta lo macroscópico, emular nuevos universos virtuales, redefinir la metafísica como la conocemos, incrementar nuestra calidad de vida e incluso alcanzar niveles más altos de longevidad. El límite parece ser nuestra imaginación.

Pero bien, ¿Cómo nos afecta como sociedad la falta de agudeza de unos u otros individuos? Uno podría encogerse de hombros y opinar: "ellos se lo pierden", pero los hechos son un poco más dramáticos. El desbalance entre progreso y comprensión puede traer consecuencias nefastas.




Hace pocos días observaba la película "Frankenweenie", que aunque no es el ejemplo por antonomasia del entendimiento científico, me dejó una frase bastante elocuente del Prof. Rzykruski respecto a este tema. Parafraseo: "They like what sciece gives them, but not the questions, no, not the questions science asks"

Que existan personas con rechazo a todas las áreas de conocimiento no es algo nuevo, pero resulta aún más ridículo en la época de mayor manejo de información de nuestra existencia como sociedad. Las causas son psico-epistemológicas y por lo tanto filosóficas. A la mayoría les interesan las consecuencias pero no sus causas, gustan las respuestas pero no el enfoque de las preguntas. A nivel de los sentimientos aprendemos a desear el amor, el respeto y el honor, pero pocos aprenden a obtener honestamente estos reconocimientos. A nivel de nuestro desempeño académico o laboral aprendemos a disfrutar las calificaciones o la recompensa económica por nuestro desempeño, pero pocos aprenden a trabajar con integridad y rectitud. Cuando la gente busca short-cuts (o atajos) para obtener sus fines, es cuando nace la hipocresía, la mentira y la corrupción. ¿Qué sucede cuando deseamos los beneficios de la ciencia pero evadimos su comprensión o sus principios?.

Para comenzar, es un riesgo para el mismísmo desarrollo libre de la ciencia el que la gente asuma que sus principios son cual conjuros mágicos, sencillos de emular por cualquiera a voluntad si conoce las palabras correctas. Los gobiernos y sus planes de bienestar nos dirán que conocen el rumbo correcto que la ciencia ha de tomar y las masas ignorantes asentirán sin pena ni compromiso. Por otro lado, millones de usuarios dóciles y despreocupados son la presa más sencilla para cualquier élite intelectual en cuyas mentes haya crecido el indigno deseo de poder. Nada protege de la manipulación a una cabeza hueca.


Tras el contacto con visitantes de sociedades civilizadas - y su tecnología -  los miembros de varias tribus indígenas de Oceanía han construido un culto religioso alrededor de estos maravillosos artefactos, a su parecer mágicos,  venerando a  estos y sus visitantes como dioses y construyendo incluso réplicas de las avionetas de los aventureros o designándoles fechas conmemorativas (veáse Culto Cargo y John Frum). La actitud de muchos ciudadanos de las grandes ciudades occidentales, no difiere en principios de la de estos ingenuos aborigenes.

La lista sigue. La época en que sectarios religiosos demonizaban a los hombres de ciencia y sus logros parece haber concluido desde hace siglos. No hay más Hipatias descuartizadas ni Galileos apresados. ¿Es porque nuestra mentalidad cambió? ¿Se debe a otro peldaño en la evolución de la raza humana hacia un ser más racional? De nuevo preguntas trampa, pues hoy en día, muchos consumidores de ciencia nos hacen imaginar a nuestro ancestro el cro-magnon, como si súbitamente hubiera sido rodeado de nuestra tecnología y hubiera aprendido a utilizarla por mimetismo, más no debido a su comprensión.  No es como si el espíritu inquisidor y conservador hubiera desaparecido, es más como que la mayoría se encuentra en estado hipnótico dada las ventajas y utilidades de la tecnología moderna. Quien quita que el miedo al fuego siga allí, olvidado momentáneamente por la intensidad de las ondulantes llamas. El desbarajuste a nivel cultural se evidencia en el alto valor cultural que se relaciona con poseer aparatos de última tecnología, en comparación al rechazo y vejación que sufren los llamados "nerds" en nuestras aulas de clase. Ellos sufren su particular inquisición, a manos de quienes rechazan lo que no desean entender.

¿Qué más podría decir? ¿sobre qué mas podría advertir? ¿la vacuidad de un mundo donde los humanos no explotamos al máximo los recursos tan maravillosos que poseemos? Es así.¿Cuántos problemas que nos aquejan podrían ser resueltos si en todos nosotros naciera el espíritu inventor? Pero es más sencillo cuestionar las motivaciones del tercio del planeta que se dedica a producir e inventar. Todos quieren ser director de orquesta, todos opinan sobre qué debería producirse, sobre que melodía debiera ser compuesta, pero pocos se animan a tomar el instrumento y aprender a tocar. Oh, a los gobiernos totalitarios les encanta disponer de los hombres de razón como "recursos" y cerrar unos u otros caminos ignorando el terrible daño que ocasionan. ¿Tendríamos donde calentar nuestros alimentos en cuestión de segundos o minutos si Percy Spencer no hubiera tenido la libertad para intentar inventar un nuevo tipo de radar militar? Quién sabe.

¿Eso tampoco asusta? ¿qué tal algo a visible a corto plazo? Una sociedad ignorante es paraíso para charlatanes y estafadores, perfecta para cobrar precios desmesurados por reparaciones sencillas a la vez que desconocidas por la mayoría. Si ni tu bagaje intelectual ni el desarrollo armonioso de la humanidad  te interesa en lo más mínimo, quizás el estado de tus finanzas pueda captar tu atención. Pero, supongo que incluso para eso hace falta un mínimo de abstracción. Hasta que alguna de estas posibilidades se materialice o hasta que el peligro sea más que evidente, los individuos apáticos seguirán conformándose con soplar la flauta mientras suene. 

Y mientras el desconocimiento sobre la tecnología, sus beneficios o riesgos se acrecienta, también lo hacen los grupos de discurso anti-tecnología (Y en general anti-progreso y ante sabiduría) que nos motivan a emular el estilo de vida de los amish, o incluso regresar al taparrabo y las cavernas.  Es esa clase de gente que se tragó el tema del buen salvaje de Rousseau y que predica que vivíamos muchísimo mejor cuando nuestra esperanza de vida no superaba los 30 años, donde no existía concepto de propiedad o ley más allá de la supremacía de la brutalidad y la fuerza física, cuando la antropofagia era tan normal como la salida del sol y una simple gripe podía mandarnos al más allá.

Pero ¿Cómo explicarle a estos gurúes del primitivismo lo asombroso de la tecnología anti-sísmica de la ciudad de Tokio y la cantidad de vidas que se perderían en otras ciudades menos preparadas ante temblores de la magnitud que azotan a los nipones? ¿Cómo explicarles si la creencia popular es que la tecnología solo desarrolla banalidades y sustitutos a una vida plena y saludable?

No. Lo cierto es que muchos viven vidas banales, poco plenas y para nada saludables. ¿Y qué mejor escapatoria que culpar de ello a unos cuantos artilugios electrónicos? 

Firma: Oye, tú, ¿Te has preguntado por el mundo en el que vives?

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