Aún están a tiempo de ir a otro blog a leer otra cosa.

Voyeurismo Lírico es un polvoriento depósito de ideas al que vengo a divagar desde los quince años. Encontrarás artículos de opinión sobre ética, política y otros temas relacionados con la filosofía, así como también mis incursiones en la prosa poética y otras manifestaciones de la retórica.

Mis escritos son crípticos hasta para Turing y mis pseudoensayos son políticamente incorrectos (dos cualidades que, para colmo del lector, considero sendas virtudes). Las entradas con publicación previa al 2012 son francamente malas, y me avergonzaría de su existencia en la red si no fuera porque me recuerdan que, a pesar de todo, he aprendido a escribir durante estos años.

Bienvenido al blog que nadie lee, del infortunado estudiante de filosofía que tiene ínfulas de escritor pero vive en Venezuela.

domingo, 24 de marzo de 2013

''Bruce Almighty'' Y El Estado Planificador.



''Bruce Almighty'' o ''Todopoderoso'' (2003) es una película cargada clichés, proselitismo religioso y en general muchas conclusiones sobre la vida que no comparto. No obstante, para aquel ávido de entendimiento, cualquier obra se presta a la obtención de valioso conocimiento. En otras palabras, si somos capaces de prestar atención y hacer abstracción con lo que percibimos, podemos encontrar verdades incluso en aquellos discursos con los que no estamos de acuerdo. 

Y es que, más allá de la siempre esplendida actuación de Freeman o del siempre cómico Carrey, Todopoderoso nos deja un importante mensaje sobre la relación entre los deseos y las acciones humanas, sobre qué clase de vínculo existe entre la justicia y la competencia, y sobre todo, lo compleja que resulta satisfacción de nuestras necesidades en el enorme entramado que es la sociedad.

En resumidas cuentas, la obra nos brinda un estupendo punto de comparación (aunque se trate del mundo de la ficción) para aclarar muchas confusiones respecto a cual modelo de gobierno resultaría más satisfactorio para la vida humana, si el incierto modelo liberal de competencia, o, por el contrario, el modelo de estado de planificación que promete mantener satisfechas las necesidades de los hombres con total seguridad.

Bruce Nolan es un hombre insatisfecho con su nivel de vida. Su trabajo soñado le es arrebatado por alguien a quien considera mucho menos talentoso (y sin duda un patán), su automóvil es una chatarra y considera que vive en un apartamento mediocre. Después de una racha de eventos desfavorables incrementa su resentimiento e irritabilidad (como es natural) y decide que alguien debe tener parcial o totalmente la culpa de sus desdichas. Bruce decide ensañarse (con burla e ironía) del dios de su creencia, de la misma manera en que hoy día se señala a un sistema económico (la mayoría con unas coordenadas un tanto erradas, me atrevo a asegurar).

Así como Bruce, la mayoría de los opinantes ocasionales sobre la política y lo político creen que serían capaces de hacerlo mejor si en sus manos estuviera el poder y las herramientas. Así como el dios cristiano, para ellos el todopoderoso estado cuenta de sobra con la capacidad de complacer los deseos de los desafortunados. Y así como Jehová y su política del libre albedrío, los gobiernos capitalistas - dicen muchos- no hacen sino permitir la iniquidad y catalizar las desigualdades entre los hombres. 

Igualmente argumentan que por si solo, el hombre es indefenso e incapaz (o discapacitado, según algunas famosas descripciones como las del positivismo, el conductismo o el materialismo histórico) y está a merced únicamente del azar. ''Ni el mérito ni el esfuerzo le permitirán abrirse paso por si solo y será - dicen, irremediablemente - presa de los corruptos y toda clase de villanos'' - qué, según las personas que piensan de esta manera, son los que ''triunfan'' en un modelo como el capitalista - de modo que no debería ser él quien cargue con la responsabilidad de su éxito, sino que esta debería recaer en alguien más, que ya no será dios sino el encargado de instaurar ''el paraíso en la tierra'', ya sea este el leviatán de Hobbes o el socialismo de Marx (que vienen a ser siempre el mismo fenómeno).  

Ahora bien, ¿al ceder esta responsabilidad no cedemos necesariamente la libertad para decidir qué es lo justo o satisfactorio?. La respuesta a esta pregunta la encontramos implícita en la película. Una vez que Bruce es embestido con la omnipotencia divina (y atormentado por millones de plegarias de sus necesitados devotos)  termina por asumir la responsabilidad que exigía a su predecesor. ¿De qué manera? dando el visto-bueno a cada una de las peticiones: Satisfaciendo cada uno de los deseos. 

El estado, según los estatistas. 

El resultado de su propósito, sin embargo, resulta sumamente insatisfactorio. En vez de orden, paz y plenitud, obtiene caos, violencia y una mayor inconformidad. ¿A qué se debe esto? ¿es solo una ridícula metáfora sobre la dificultad de la labor divina, producto de la imaginación del director de la película? o bien, ¿se debe a que Bruce no prestó atención a las labores prioritarias que debía cumplir?. 

Si respondiste lo segundo, aunque ingenuo, vas camino a entender la magnitud real del problema. 

Un planificador, ya se haga llamar socialista, social-demócrata o nacional-socialista, entenderá rápidamente que los intereses de miles o millones de personas son necesariamente diferentes y a menudo incompatibles o conflictivos entre si. Los estándares de justicia difieren entre una persona y otra, las escalas de valores pueden ser diametralmente opuestas, o, al igual que sucedió en la película con los jugadores de lotería, muchas personas pueden perseguir un mismo fin, que a su vez no puede ser alcanzado por todos por igual. 

Una vez comprendido esto, asumirá la responsabilidad por decidir, según un estándar fijo y ''objetivo'' (es decir, el suyo) cuales son los fines que deben ser perseguidos por todos, y cuales los medios que asignar a cada quién según el patrón de justicia que este determine. 

Como resultado obtendremos determinados grupos o clases de individuos que verán complacido su ideal y sus necesidades, pero también otro gran grupo de personas doblemente inconformes. Inconformes por una situación que consideran injusta, pero aún más inconformes al comprender que se trata de un plan deliberado, que la calidad de vida de unos es beneficiada en detrimento de la de otros siguiendo un plan establecido. Por otra parte, los grupos favorablemente afectados hoy, pueden perder su condición el día de mañana según el transcurso de las circunstancias (pues nada más arbitrario que un designio unívoco para todos los fines de la humanidad, sometido a la interpretación de un dictador, o grupo poderoso, sobre los acontecimientos cotidianos. Pues es innegable que ya sea la necesidad o la igualdad lo que se persiga, están estos conceptos cargados de ambigüedad y son constantemente sometidos al cambio por determinado parecer o según los eventos y la experiencia) lo que hace que el horizonte prometido de estabilidad y seguridad se vislumbre neblinoso y confuso. 

El enorme leviatán no está aquí para proteger a los individuos, sino para imponerse: para darles órdenes. 

Por una parte, el desorden y el conflicto, y por otra, una sociedad jerarquizada y la imposibilidad de elegir voluntariamente un rumbo de vida, parecen ser los resultados de la administración consciente de las consecuencias de las relaciones humanas. Al final de la película, Bruce admite su error y decide renunciar a sus poderes. Por desgracia, Bruce parece no haber comprendido del todo la raíz de su error al expresar su total sometimiento, de allí en adelante, al ''designio y los caminos de dios''. 

Lo que Bruce debió entender y hacer ver al espectador, es que, si bien en un libre sistema de competencia corremos el riesgo de fracasar (muchas veces, independientemente de nuestras capacidades o talento) es esta la única manera armónica que tienen los hombres para perseguir sus fines en sociedad. Que es preferible un medio concreto con unos resultados inciertos, a un medio incierto con unos resultados (que prometan ser) concretos, y que, así como Morgan Freeman establece el libre albedrío como la regla del juego, debemos establecer la igualdad solo en tanto a las leyes, de modo que permitan establecer la misma linea de partida para todos y que sean sus capacidades, su fortuna y el apoyo que reciban de otros, lo que los lleve (o no) a la meta.

Que aunque fracasemos en un área de la vida, con determinación y constancia podemos seguir intentándolo en esta o aquella otra en busca del éxito, pues no somos incapaces o paupérrimos (como nos dibujan los ''amantes'' de la humanidad) a menos que abracemos dicha actitud, y que esa aparente conflictividad y ese choque de voluntades es lo que a grosso modo permite que las relaciones humanas se desarrollen de manera equilibrada y cíclica, como una esfera en movimiento donde nada es definitivo y las oportunidades pueden ser perseguidas. Pues la vida es potencialidad y la potencialidad es la vida y cuando nos detenemos se da la muerte. 

Tampoco se trata de adoptar un estoicismo o un conformismo, ni de asumir que el orden de las cosas responda a un plan divino. Las cosas son el resultado de un desenvolver natural. Así como muchos podemos desear unos mismos objetivos, no todos podemos ganar al mismo tiempo (y si lo intentamos solo lograremos que todos pierdan).

No necesitamos ser todopoderosos, ni otorgar omnipotencia a algún otro para que gestione nuestras vidas. Basta con conocer nuestras capacidades y límites. Saber arriesgar y saber perder en este juego donde no somos engranes idénticos de una maquinaria, sino pequeñas galaxias en un gran universo donde todo tiene su precio y solo cuando pagamos nosotros mismos es que ganamos la libertad para permanecer jugando.

Firma''Mientras más los hombres nos empeñamos en hacer de la tierra un paraíso, éste más se parece a un infierno'' - Lord Acton.

1 comentario:

  1. Me ha gustado bastante esta entrada, no por la forma en que tratás de desprestigiar al socialismo comparándolo con la fantasía religiosa, sino por la perspectiva que brinda sobre un sistema de gobierno en relación a sus beneficios y males.

    Vos vivís en un país socialista y yo en un país capitalista y aún así compartimos algunos gustos e intereses y de la misma manera diferimos en otros aspectos, creo que sería interesante intercambiar puestos en algún momento.

    El meollo de este comentario es que al final de cuentas ambos nos quejamos de problemas similares, el ceder el control a un grupo élite que termina velando por sus propios intereses que, en tu país está en el gobierno y en mi país en la asociación de empresarios.

    Ciertamente los deseos individuales son diferentes y creo que es precisamente en esto en donde ha fallado el comunismo-socialismo, al no lograr desarrollar una forma adecuada de satisfacer las necesidades individuales de las masas.
    Por mi parte desearía formarme en un oficio más de mi agrado y trabajar en ello, sin embargo me adapto a lo que el bolsillo me da y trabajo en lo que me genera los suficientes ingresos para mantener en condiciones aceptables mi estilo de vida y de mi familia de acuerdo a mis capacidades intelectuales y físicas. aunque eso signifique desgastar mi salud y deseo de autorealización.

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