Aún están a tiempo de ir a otro blog a leer otra cosa.

Voyeurismo Lírico es un polvoriento depósito de ideas al que vengo a divagar desde los quince años. Encontrarás artículos de opinión sobre ética, política y otros temas relacionados con la filosofía, así como también mis incursiones en la prosa poética y otras manifestaciones de la retórica.

Mis escritos son crípticos hasta para Turing y mis pseudoensayos son políticamente incorrectos (dos cualidades que, para colmo del lector, considero sendas virtudes). Las entradas con publicación previa al 2012 son francamente malas, y me avergonzaría de su existencia en la red si no fuera porque me recuerdan que, a pesar de todo, he aprendido a escribir durante estos años.

Bienvenido al blog que nadie lee, del infortunado estudiante de filosofía que tiene ínfulas de escritor pero vive en Venezuela.

viernes, 15 de marzo de 2013

El Discurso Colectivista y el Complejo de Quijote.


El caballero de la triste figura, Don Alonso Quijano, así como nos lo presenta el gran Miguel de Cervantes, fue un hombre consumido por sueños de honor y glorias. Su adicción al género caballeresco y a las historias de épicos combates le llevaron a contemplarse a si mismo como a un aguerrido y reluciente caballero, así como también a alucinar con peligrosos y aguerridos enemigos donde no había sino costales, barriles o molinos de viento. Así nació su alter-ego: Don Quijote de la Mancha.

El discurso heroico - cuasi fantástico - tan característico del vocero de izquierda (o del colectivista de derecha por igual) y destinado a enaltecer a las masas, me hace evocar la figura de aquel ficticio Hidalgo.  Siempre tan cargado de alegorías referentes al combate, la guerra y la resistencia. Una retórica beligerante, capaz de envolver al oyente en un halo extático y hacerle entrar en un estado de excitación similar pues, al que siente el hombre que se mezcla entre una turba violenta, o aquel soldado que está a punto de colisionar contra una tropa enemiga. Alusiones al enfrentamiento bélico, a la espera entre trincheras, con los puños en alto para ahogar la adrenalina (o despertarla en los demás); Ese es el método usado por el socialista para despertar la atención y el interés entre las masas, mitad ingenuas, mitad necesitadas de algo en que creer (no necesariamente de algo en lo que pensar, sino en lo que confiar. Una meta para dar sentido a un vacío).

Como seres humanos estamos siempre en la búsqueda por un propósito al que fijar nuestros actos. Todos tendemos hacia un fin, diría el estagirita. Así, quienes constantemente han fallado en definirlo se dejan absorber por los fines que otros, con énfasis, les presenten de manera atractiva. Más que compromiso, se forja una suerte de dependencia. Esa es la clase más peligrosa de devoción:  la del hombre fanático, desesperado y esclavo de la doctrina que da un poco de sentido a su existencia. Allí no cabe la duda, allí no cabe el razonar.

Así pues, aquel que se deja seducir por el discurso socialista o fascista (si es que hay diferencias) sabrá que debe luchar contra la injusticia, aunque no sepa con exactitud que es lo justo y que no. Sabrá que debe esforzarse por proteger el bien común, aunque no sepa con exactitud cuál es ese bien, ni de que manera contribuyen sus actos a establecerlo. Lo que si sabrá es quien es su enemigo, pues la maquinaria propagandista del socialismo se lo indicará constantemente: Toda ''revolución'' necesita señalar a un némesis (por la misma razón por la cual la inquisición necesitaba de sus ''brujas'') y da lo mismo si el ente en cuestión es un mero molino de viento. 

Lo importante es hacer sentir a la persona que pertenece a un movimiento importante. Que esa persona crea que es parte de una legión de justicieros que van a limpiar el mundo de la maldad. Si no existe un mal en concreto, se le inventa. Y así, si cualquier desgracia azota a la región, el socialista sabrá achacarla a un chivo expiatorio. Estos podrán ser los burgueses, los contra-revolucionarios, los imperialistas, los gigantes, los dragones y la muerte misma con su caravana. Estos enemigos se fijan en la mente del simple, como un objetivo contra el que defender lo que sea que sus líderes consideren oportuno defender.

     El discurso del colectivista suele estar cargado de fuertes connotaciones agresivas. 
Ligará cualquier propósito a una analogía bélica.

Recientemente, los socialistas han ido alejándose de algunos principios marxistas (la mayoría superficiales, pues el evangelio de la manipulación escrito por Marx es, si no el principal, uno de los más importantes bastiones del socialista actual) y adaptando su discurso de manera más pragmática, enfocados pues a acumular un mayor rebaño y atarlo a toda clase de tótems de mayor o menor ambigüedad  pero siempre con una gran carga de sentimentalismo y chantaje emocional. El mayor de estos tótems, antes rechazado por los colectivistas de izquierdas, es ''la patria''.

La patria, así como el ''pueblo'' y el ''bien común'' son algunas muestras de la gran gama de términos ambiguos con que estos sujetos motivan la devoción y la sumisión al estado y al ''amado líder''. La lealtad a la frontera, impuesta siglos atrás por hombres desconocidos y totalmente ajeno a la propia voluntad, el chovinismo y la mentalidad tribal son dosificadas en cápsulas a los hombres que carecen de orgullo propio, gustos definidos y pensamiento crítico. Esta nueva clase de ''orgullo'' patrio sustituye una vez más la responsabilidad por establecer criterios propios y un orgullo basado en el mérito propio. Pero cabe destacar que el 80% de lo que ofrece el colectivismo al ser humano es así: un mero sustituto. Una vida onírica, sin correlato con la realidad. Aire (y aire nocivo) para rellenar los vacíos del alma.  Palabrería y poco más, da igual que se denominen nacionalistas, o fascistas de extrema derecha o socialistas leninistas.

En la mayoría de los casos, las victimas de estos charlatanes, así como no se esmeran en dilucidar sobre el contenido que aceptan en sus mentes, tampoco desarrollan voluntad para salir a defender con violencia los preceptos a los que dirigen sus vidas. Lo usual es que lo expresen haciendo bulto en alguna manifestación de apoyo popular, o agrediendo verbalmente a quien sea que se muestre en desacuerdo con él (Un poco como aquellos teístas que creen estar salvando al mundo con arrodillarse a hablar solos en largos intervalos de tiempo). Pero jamás debemos subestimar al hombre que se ampara en grandes masas, en ese acorazado del anonimato que representa la colectividad. 

El odio sembrado en el alma de muchos termina por dar fruto y así como Alonso Quijano se cubrió con su armadura improvisada y salió en busca de gloria a combatir sus pesadillas, también salen los seres de carne y hueso a dar rienda a su particular inquisición, de manera bruta, irreflexiva y casi siempre contra gente inocente.  A diferencia del Quijote, son pocos quienes despiertan de su sueño febril y terminan por demostrar una y otra vez que el paraíso de equidad y libertad pintado por los colectivistas no es sino la ilusión más terrible jamás aceptada por el hombre: la misma entrada al infierno en la tierra. Me valgo pues de usar yo también el poder de la metáfora. 

Sin embargo, a diferencia de los políticos de profesión que escriben sus ficciones destinadas a narcotizar a grandes cúmulos de personas, yo he optado por escribir directamente al individuo, por confiar en la capacidad intrínseca de todo ser humano de evaluar y reflexionar que, aunque dormida, en muchos casos el más pequeño vestigio de ésta es capaz de hacer despertar al más obstinado. Me sumo pues a la ''contra-revolución''. ¿Contra qué?: contra el fanatismo. Pues, como diría Voltaire: Cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro la enfermedad es casi incurable. Pues, que mejor que prevenirla.

No todo lo que suena es música.

En efecto, el evocar las pasiones mediante la metáfora es un recurso tan poderoso como válido (y hermoso),  y los políticos lo saben bien. Por lo mismo, es igual de válido y necesario desarrollar la capacidad para ver a través de las frases edulcoradas y sentir más allá de la piel de gallina.  Cervantes narra como la muerte precede al fin del delirio de Quijano. Yo os digo que no es la muerte, sino la vida, lo que precede al despertar del sueño colectivista. Así como digo que no todo fin es bueno, ni toda meta es digna, así reafirmo que la lucha no es contra los sueños, las metas o la esperanza, sino contra aquellos sueños construidos sobre el engaño y la violencia. 

Podrían decir que todo sueño es una mera pretensión, el deseo por lo irreal;  pero yo sostengo que incluso la fantasía deriva de diferentes axiomas, fácilmente señalables en la realidad. Si vamos a confiar en la naturaleza del hombre, enfoquémonos en su potencial creador, no en el destructor. Si vamos a alabar una propiedad del ser humano, que sea su voluntad y autonomía  no su envidia y dependencia.  Si vamos a soñar con equidad, soñemos vago la ciega justicia. Si vamos a desear la solidaridad, deseemos aquella basada en la voluntariedad y el respeto, no en la imposición. Lo más importante, aprendamos a soñar nosotros mismos, con y en libertad.

¿Que esto es utopía? supongo que son los estándares los que marcan la diferencia. Fíjate en los estándares que rigen actualmente tu sociedad y compáralos con sus resultados. 

Firma: Quizás, con mi última frase, he quedado en evidencia como una especie de Quijote a mi manera, perdido entre mis libros sobre libertad y razón, embriagado por los grandes del pensar y la literatura. Pero entre mis posibles fantasías les advierto con total lucidez: No toda frase bonita encierra algo bello en lo que creer. No os fijéis siempre en como lo dicen, sino en qué se dice. 

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