Aún están a tiempo de ir a otro blog a leer otra cosa.

Voyeurismo Lírico es un polvoriento depósito de ideas al que vengo a divagar desde los quince años. Encontrarás artículos de opinión sobre ética, política y otros temas relacionados con la filosofía, así como también mis incursiones en la prosa poética y otras manifestaciones de la retórica.

Mis escritos son crípticos hasta para Turing y mis pseudoensayos son políticamente incorrectos (dos cualidades que, para colmo del lector, considero sendas virtudes). Las entradas con publicación previa al 2012 son francamente malas, y me avergonzaría de su existencia en la red si no fuera porque me recuerdan que, a pesar de todo, he aprendido a escribir durante estos años.

Bienvenido al blog que nadie lee, del infortunado estudiante de filosofía que tiene ínfulas de escritor pero vive en Venezuela.

sábado, 14 de septiembre de 2013

La Naturaleza de lo Artificial.


Darwin nos explicó el proceso mediante el cual prolongan su existencia las especies capaces de adaptarse al medio ambiente. Los seres humanos hemos aprendido a adaptar el mundo a nuestra existencia.

¿No es la razón una facultad natural? ¿No lo es también la imaginación?. Y sin embargo, todo aquello que es transformado por la mano del hombre y a través de su razón e imaginación es llamado artificial.  La definición de "artificial" que nos brinda la RAE es la siguiente: "No natural, falso, ficticio. Hecho por mano o arte del hombre". De modo que consideramos todo aquello producido por el ingenio humano como algo falso (?) y no natural.

Así mismo, no parece haber problema en decir que un hombre actúa de forma "natural" cuando se deja conducir por el mundo bajo las más elementales pasiones y no atiende a otra cosa sino a los impulsos del momento.  ¿Será que consideramos más "natural" el instinto animal que el propio entendimiento humano, aquel que nos ha permitido comprender y moldear las condiciones hostiles de nuestro mundo para hacerlo más ameno durante nuestro breve paso por él? (Vale, esta pregunta ha sido bastante tendenciosa, pero pensemos en ello).

Como consecuencia de esta distinción ontológica nacen también las consecuentes distinciones éticas y estéticas. Pero, ¿tenemos argumentos suficientes para hacer esta distinción? ¿Realmente se presenta así de clara al entendimiento? ¿Son la belleza, la candidez y la virtud atributos exclusivos de lo intacto, de lo circunstancial, de aquello que escapa al toque del hombre...? ¿O serán, por el contrario, fruto del propósito bien definido y la acción humana dirigida hacia un fin?

¿Podemos hablar con propiedad de una dicotomía artificial-natural? ¿O será, tras una segunda mirada, que nuestros artificios son lo más natural?.

     Entre "Dios" y el Rey Midas


La idea contemporánea de la razón como un frío instrumento carente de vida y "naturalidad" tiene ya un buen tiempo gestándose. Por un lado, como respuesta al enaltecimiento de la razón por parte de los filósofos del siglo XVII y su incansable búsqueda por la certeza (que agobió a más de uno) y por otro, de forma paralela, a raíz de los excesos que acompañaron a la "explosión" que fue la revolución industrial (una explosión creativa, cuya onda expansiva no encontró límite, para bien y para mal). Para prueba algunos clásicos de la literatura romántica de ciencia ficción: "Frankenstein", "El hombre invisible" o"El extraño caso del Dr Jekyll y Mr Hyde". Todo apuntaba a que el toque del hombre sobre la extensión de la naturaleza, dorado y valioso en apariencia, era una osadía que solo podía traer desgracias.

La imagen de la naturaleza dada es contrapuesta a la del mundo transformado por el hombre. Esta última, a menudo, tomada en cuenta más por sus peores ejemplos que por aquellos que vale la pena (¡que si no!) destacar. Así, el big bang industrial dio paso a una reacción contraria, como un big crunch: una suerte de actitud conservadora para con la naturaleza dada o no modificada por el hombre. El problema de la contaminación o el abuso irreflexivo de los recursos dio paso a una generación recelosa ante el potencial creador del hombre. La deforestación, el hueco en la capa de ozono...

...Por supuesto que nuestro planeta cuenta por sí mismo con herramientas de destrucción nefastas, como la colisión de las placas tectónicas, el fulminante rayo, los vientos huracanados o la explosión de un volcán y su fuego ardiente que arrasa bosques enteros y toda vida a su paso. Claro, pocos dirían que estas catástrofes son planificadas por una mente volitiva, o, en todo caso, prácticamente nadie diría que son resultado del descuido o la ineptitud de alguien (no escapa al conocimiento público que muchos consideran estos siniestros como un mecanismo de defensa de un planeta que responde con violencia contra los humanos por atentar contra "su equilibrio", o bien como la ira manifiesta de algún dios paternal, enojado con la humanidad por sus actos) Pero la acción humana, ya sea intencional o fruto de la torpeza, es juzgada precisamente por estimarse voluntaria y premeditada.

Entonces llegamos a un punto más que interesante. Aún en el lado contrario de la moneda, donde el curso de la acción humana da como resultado el incremento de la calidad de vida de millones, el resultado sigue considerándose como algo "artificial" y por las mismas razones: por ser fruto de la acción humana, voluntaria, y premeditada. Decimos que el hombre "crea" y cambia lo que encontró. Lo cambia en un sentido teleológico, sustituyendo el "fin" o propósito inicial de las cosas por uno nuevo y distinto del original y, se llega a pensar, equilibrado.


Deus Sive Natura: O te mueves o te estancas.




Quizás sean algunas de las palabras de Baruch Spinoza (otro hijo del siglo de la razón, no obstante, tomado en alta estima por los hijos de la ilustración) las que alumbren con mayor brillo una visión de las cosas distinta a la planteada en los párrafos anteriores. Para el holandés no existe realmente una distinción entre lo que llamamos "artificial" y lo que consideramos como "natural".

A lo largo de la historia, toda clase de inventos, conductas o posiciones de tipo intelectual han sido censuradas y rechazadas por ser "antinaturales", ya sea por fundamentalistas religiosos o por conservadores de cualquier otro tipo. Spinoza tuvo una visión muy diferente: el filósofo consideraba que dios no podía ser otro que el propio orden de las cosas dispuestas en la naturaleza, o mejor dicho, la naturaleza misma. El hombre, por tanto, no es planteado como un inquilino de esta naturaleza, sino como parte íntima de ella: no solo encontramos la naturaleza en su extensión, sino también en el  pensamiento. Las posibilidades de la razón son, a su vez, posibilidades naturales.

Con la suma de estos dos conceptos - véase extensión y pensamiento - surge el otro a tomar en cuenta: la potencialidad. Piensa en una enorme caja de legos y en todas las posibles formas y combinaciones que un niño curioso podría formar durante toda su vida. Piensa en la humanidad como en este niño e imagínale crecer y formar millones de distintas figuras durante toda su vida. Y bien, ¿Cuál sería la mejor figura? ¿Cuál sería, entre todos, el orden correcto o equilibrado?. Aquí entra en juego otra idea clave de la filosofía Spinoziana: El movimiento. Y es que el entendimiento, visto por Spinoza, no se vale de un solo instante, como una fotografía, sino del constante movimiento: como el hacer y deshacer de todas las figuras del lego, de acuerdo a las nociones de este niño eidético, desde sus primeras ideas hasta sus reflexiones más maduras y sensatas. ¿De qué le servirían tantos legos si durante toda su vida hubiera podido armar una sola figura? Y si el mundo en que vivimos es como el total de todas las piezas del lego, ¿No tendríamos una idea errónea del mismo si nos quedásemos solo con la primera figura que logramos imaginar?

Así pues, "el orden" correcto para Spinoza, no es la estaticidad, ni el mantener un statu quo y aferrarnos a una idea virginal del mundo. Lo correcto, es el constante movimiento hacia lo adecuado, hacia el progreso en materia de la basta potencialidad de la vida. Un movimiento que es praxis, pues es transformador de mundo, pero también es pensamiento, pues así como el mundo cambia favorablemente y nuestras capacidades aumentan (desarrollamos herramientas que acrecientan nuestras posibilidades sensoriales y cognitivas) también debe actualizarse nuestra visión del mundo. Detenerse es morir, decía Baruch, y Darwin estaría de acuerdo. 

¿Movimiento transformador de mundo? Decía que para Spinoza no hay una clara distinción entre lo que consideramos "artificial" y lo que consideramos "natural", más divide la idea de "naturaleza" en dos: a saber, naturaleza naturante y naturaleza naturada. Dicho a grosso modo y a riesgo de hacer una descripción demasiado vulgar: lo dado y lo transformado, pero "lo dado", entendido no como un estado primordial, sino como esencia productora de todas las cosas. La naturaleza naturada, es el nombre que da Spinoza a la naturaleza transformada. Aquí entran desde la idea de "democracia", hasta la construcción misma de un edificio para el hábitat humano. Lo tocado por el hombre no es "falsa naturaleza", sino otro tipo de naturaleza, una que, a medida que se acerca a "lo adecuado", es sin duda más virtuosa.

¿Creamos o transformamos?



Lo que el hombre produce desde su ingenio no es una intromisión en una naturaleza ajena a su ser, sino su aporte a la misma. Un código personal, una forma única de re-ordenar los componentes brindados por la realidad de una manera más eficiente o más virtuosa. El hombre crea, si, dando a luz formas o ideas nuevas que en sí forman parte de una posibilidad demarcada por unas leyes en las que nos regimos. De esa forma, nuestra creación se asemeja igualmente a una transformación, (¡cuasi alquimista!) lo que no resta, ni mucho menos, la belleza y el mérito de la que es fácil considerar como la potencialidad más importante del ser humano: su capacidad de dejar huella en el mundo, de plasmar en el acto el fruto de sus ideas y reivindicarse a sí mismo como individuo y a su vez a toda la raza. 

Hermosa y adecuada es la alegoría del Demiurgo (tan usada y admirada por los grandes poetas del romanticismo, sobre quienes no sería prudente forjarse algún prejuicio por algunas oraciones de este breve artículo interpretadas fuera de contexto)  "En el principio había una masa caótica, desordenada, informe, indeterminada, etc., y también estaba el demiurgo, el cual miró esta masa y pensó: «¿qué puedo hacer con ella? lo que haga lo voy a hacer bien»."


Hacerlo bien: aprovechando los recursos.





La pregunta que sigue en el aire es: "¿Cuáles son los límites?". Saber apreciar la dimensión ontológica del producto del pensamiento humano en la praxis no implica desconocer que muchas veces los medios utilizados para la producción de bienes materiales pueden no ser los más deseables y desembocar en perjuicios hacia la integridad y libertad propia y de otros hombres. Sería deshonesto ignorar este punto.

Ahora bien ¿Qué otra queremos decir cuando hablamos de un daño "hacia el medio ambiente", sino que puede ocurrir una alteración de las condiciones ambientales en que puede desarrollar un hombre su vida satisfactoriamente? A fin de cuentas, no se trata de mantener íntegro el ecosistema por algún capricho estético o supersticioso, sino de mantener estables unos parámetros que garanticen a cualquier ser humano una vida plena.  Pero a este punto, es también la creación humana, o ese "re-acomodar" de las condiciones materiales, la vía que garantiza realmente, no solo "conservar", sino impulsar esas condiciones necesarias hacia un mayor confort, y como señalaba al principio de este post, mejorar realmente la calidad de vida. 

 Ha sido el fruto de nuestra mente lo que nos ha permitido cubrirnos de la lluvia, resistir los fríos, soportar el calor, resistir los sismos, las tempestades, las erupciones volcánicas y demás castigos divinos. Aligerar el trabajo necesario para conseguir nuestro alimento y así un número incalculable de etcéteras. Es la producción industrial la que a fin de cuentas, nos deja tiempo para dedicarnos a una labor en particular o poder dar rienda a nuestras "necesidades intelectuales" y no pasar el 80% de nuestro tiempo en recaudar lo básico para sobrevivir. Es la producción la que nos permite aprovechar más de aquel bien "no renovable", que es el tiempo.

Entonces, ¿cuáles son las condiciones? Sin duda, la responsabilidad. Quien crea debe hacerse responsable por los efectos de su obra y sobre el uso que este le de. Tanto si afecta a otros por omisión, como si lo hace a consciencia, pues existe en la historia de la humanidad una oximorónica tendencia a crear para destruir.

Más no es la regla.

El proceso de transformación creativa no solo no debe hacerse sobre la base de una destrucción desmesurada, sino que, mediante una comprensión racional (digamos, en un guiño a Spinoza, "adecuada") de nuestra posición, aspiraciones y responsabilidades como productores y sobre mundo en que nos desarrollamos, el resultado coherente es el correcto uso de los recursos, La destrucción no es solo contingente, sino indeseable.  La prudencia y el cuidado consciente del entorno es consecuencia de entender que nuestra fuente de recursos, la materia prima que hallamos a nuestro alrededor, es un bien demasiado valioso como para ser derrochado o malgastado y que para hacerla rendir de forma óptima hay que cuidarla.

La idea, en definitiva, es la misma: aprovechar al máximo estos recursos y transformar el mundo hostil en un lugar mejor para hacer vida.


La estética: La belleza del un trabajo en pos de virtud.




"Cambiaría el más bello atardecer del mundo por una sola visión de la silueta de Nueva York. Particularmente cuando no se pueden ver los detalles. Sólo las formas. Las formas y el pensamiento que las hizo. El cielo de Nueva York y la voluntad del hombre hecha visible. ¿Qué otra religión necesitamos?. Y entonces la gente me habla de peregrinaciones a algún agujero infecto en una jungla, a donde van a homenajear a un templo en ruinas, a un monstruo de piedra con barriga, creado por algún salvaje leproso. ¿Es genio y belleza lo que quieren ver?. ¿Buscan un sentido de lo sublime?. Dejadles que vengan a Nueva York, que vengan a la orilla del Hudson, miren y se pongan de rodillas. Cuando veo la ciudad desde mi ventana -no, no siento lo pequeña que soy- sino que siento que si una guerra viniese amenazar esto, me arrojaría a mí misma al espacio, sobre la ciudad, y protegería estos edificios con mi cuerpo". - (Fragmento de "El Manantial" de Ayn Rand)

Lo creado es precisamente bello porque contiene un fin inherente o una utilidad . Es bello además porque está impregnado por la visión del mundo de un "creador" que es un artista. De este Demiurgo y su particular forma de ordenar las figuras de lego del mundo. Considerar como "lo bello" solo aquello que carece de un propósito definido, como las pasiones más primitivas o los impulsos subconscientes que alguien no pudo controlar, solo refleja la decadencia de una escala de valores. Es un criterio semejante al de aquel que dice "amar sin razones", mientras espera no toparse jamás con las razones que lo llevan a repetir tal tópico.  Aún así, con esto no quiero decir que aquella naturaleza ajena a la modificación del hombre no sea hermosa por mérito propio. El mundo en su estado "virginal" es sin duda fascinante. Seducen las posibilidades, despierta los apetitos de la mente, inspira y enciende la chispa de la creatividad. De igual forma, no toda creación del hombre es hecha en vísperas de virtud, ni todas los hombres poseen la capacidad o el talento para producir belleza. La fealdad y la hermosura se debaten en matices adecuados y lo importante es mantenernos libres de prejuicios, clichés u opiniones prestadas; salir al mundo a vivírlo y juzgarlo. 

Firma:   Lo más natural en el hombre es su propensión a transformar, a producir. Si bien es cierto que las herramientas de la razón (¿o debería decir de la astucia o la inteligencia?) son usadas con fines escabrosos, oscuros y no racionales en sus premisas, no temo afirmar que eventos como la revolución industrial han sido un "acercarse", un andar por el camino del desenvolvimiento pleno de la potencialidad de la naturaleza humana, y nunca un retroceso. Un potencial volitivo, y una naturaleza que puede ser rechazada, sin duda. 

El metal respira. El hombre se trasciende como catalizador de perfección y logra arrancar de su mente y de su mundo las herramientas para optimizarse en relación simbiótica. Laten los motores, se impregnan los elementos del ingenio transformador. El universo entero está allí, esperando a ser realmente entendido.

2 comentarios:

  1. Soy Jan, antiguo comentador de este blog.

    Tenía una idea parecida a la que expones. Yo pensaba que si la naturaleza del hombre es usar su razón y que usar la razón es para su supervivencia, entonces es natural usar la razón para alterar el medio ambiente pues así es como hemos alcanzado la sobrevivencia (y disfrute de la vida). Pero no había encontrado las palabras para expresarlo como lo haces aquí.

    Si lo natural es que el hombre altere la naturaleza para sobrevivir, quienes piensan que la intervención del hombre en la Tierra es malvado y anti natural, están revelando su apreciación sobre la naturaleza humana. Para ellos el hombre es un parásito que absorbe la vida (pero los ves beneficiándose de la tecnología, irónico y contradictorio). ¿Serán misántropos? ¿Será que no piensan y se dejan llevar por los ecologistas y demás gente anti hombre? ¿Tienen opinión propia? o ¿Es un error de pensamiento?

    ¿Por qué la tendencia de "ser uno con la naturaleza" al ir lejos de los edificios para estar en un área silvestre? ¿No estamos siendo "uno con la naturaleza" cuando usamos la razón para resolver las necesidades de nuestras vidas?

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  2. Así es Jan. La naturaleza es movimiento y transformación, no pasividad. En dado caso, "ser uno" con ella, es ser un ente transformador (que no es lo mismo que ser un ente destructor).

    Sobre lo que acotas de esa visión del hombre como ajeno y deudor a la naturaleza, he venido reflexionando recientemente. Parece una suerte de vestigio del pecado original; los colectivistas quieren aducir siempre que el hombre es un vergonzoso e impotente parásito, que debe, si no a Dios, a la naturaleza, al estado, a la "historia", o a la"sociedad", todo lo que es o pueda ser. Es esta dialéctica materialista, que no envuelve más que la moral de amos y esclavos del colectivismo. Y ya sabemos que cualquiera que promueva una antropología de la esclavitud, es porque pretende ser el amo.

    Sobre este tema precisamente estoy preparando un breve artículo, en respuesta a un blog con el que me topé hace unas semanas y que merece una contestación por lo infame de los principios que promueve. Saludos y espero verte de vuelta por aquí.

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