Aún están a tiempo de ir a otro blog a leer otra cosa.

Voyeurismo Lírico es un polvoriento depósito de ideas al que vengo a divagar desde los quince años. Encontrarás artículos de opinión sobre ética, política y otros temas relacionados con la filosofía, así como también mis incursiones en la prosa poética y otras manifestaciones de la retórica.

Mis escritos son crípticos hasta para Turing y mis pseudoensayos son políticamente incorrectos (dos cualidades que, para colmo del lector, considero sendas virtudes). Las entradas con publicación previa al 2012 son francamente malas, y me avergonzaría de su existencia en la red si no fuera porque me recuerdan que, a pesar de todo, he aprendido a escribir durante estos años.

Bienvenido al blog que nadie lee, del infortunado estudiante de filosofía que tiene ínfulas de escritor pero vive en Venezuela.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Devolviendo lo pagano a la navidad: autodeterminación, actualización y sincretismo.



El hombre, de unos cuarenta años de edad, se mantenía firme frente a nosotros, sosteniendo la puerta para que pudiésemos salir de la residencia. Era veinticuatro de diciembre y a él le tocaba vigilar en el turno de la noche; era su trabajo.  En su rostro se evidenciaba una mezcla de resignación y melancolía que me mantuvo pensativo en mi trayecto de regreso a casa. "Es una pretensión estéril la de programar nuestra alegría en base a fechas convenidas" - pensé - "estas fechas tienen más de aflicción que de otra cosa".

En la vía, mi madre decide entrar a una iglesia, por lo que la acompaño. Mientras ella dirigía sus oraciones a la desgarbada figura de yeso, yo me distraje observando un gran montaje de la escena del nacimiento de Cristo: ovejas, camellos, algunas casas desproporcionadas en relación a los animales y en lo alto de un cerro los tres reyes magos, María, José y el niño; lo usual. "¿Qué celebro yo?", me pregunté: no era la primera vez que me entregaba a estas consideraciones. 


Sea acaso un tópico demasiado común, pero rico en matices: los cristianos celebran la encarnación de su dios. Los despreocupados abrazan la excusa para reunirse a disfrutar en familia. Los ingenuos y los hipócritas celebran el altruismo. Los esnobs celebran que tienen algo para celebrar. Otros, empalagosas parodias de intelectuales, aprovechan para acusar a diestra y siniestra de alienación y consumismo. A menudo, la discusión sobre estos temas raya en el tedio por su repetición y por ser abordada de manera insustancial e intrascendente: lugar común de la discusión de cafetería.

El sincretismo ha sido parte de la navidad desde sus comienzos, en los que la cristiandad se apoderó de las celebraciones paganas motivo del solsticio de invierno, como la saturnaliaEsto es igualmente cierto en la contemporaneidad, a través de la mitificación de la figura de Papá Noel o Santa Claus (de la que la empresa norteamericana "Coca-cola" es bastante responsable) de la que es fruto un curioso contraste entre los distintos elementos tradicionales de la escena navideña, como la presencia de desiertos y nieve, camellos y renos, reyes nómadas y trineos voladores; un popurrí anacrónico. A ello se suma que cada cultura, a lo largo del globo, haya nacionalizado e incluso regionalizado estas festividades, agregándole de su cosecha una gran variedad de elementos propios (muchas veces, contradictorios respecto a la raíz de la celebración) de su folclore .

La pregunta inicial cobra mayor validez: "¿qué celebro yo?". Jamás me ha disgustado la festividad, si bien no siempre me ha encontrado con los ánimos para seguirle la corriente. Incluso después de asumir mi ateísmo, nunca tuve serios reparos en acompañar a aquellas personas de mi familia en su festejo. La pregunta, considero, escapa al marco del mismo ateísmo, dado que tantos otros no-creyentes, igteístas, no-teístas o panteístas, han adoptado posturas ya antes mencionadas. Es un problema de filosofía: ¿qué justificación tiene la celebración de la navidad?

¿Inercia cultural? no es falso que en gran medida estemos condicionados a "celebrar". La melancolía de aquel hombre de seguridad (wachiman, para los entendidos) es producto de ello. Quizás mis intentos como individuo de apropiarme de un significado o de justificar de manera simbólica la navidad no sean más que una burda racionalización. Pero ¿no es igualmente plausible la posibilidad de redimensionar la celebración y actualizarla de una manera spinoziana? ¿extrapolarla del contexto religioso a uno laico?.

La imagen del "nacimiento" se me aparece crucial, y de pie, allí, en la iglesia donde me bauticé y de la que catorce años después renegué en un acto de honestidad intelectual, de nuevo, justo allí, vi con claridad algo que hasta entonces escapaba a mi entendimiento: celebramos la vida. Después de sufrir los embates de una institución que buscaba estabilidad a través de la mentira y la manipulación, después de la distorsión de los valores a través de la tradición judeocristiana, después de tanto atentado al espíritu humano, la sociedad occidental se ha ido saneando a través de los fantasmas del sentido común y la razón. Poco a poco la navidad va pareciéndose a  una de esas festividades romanas, de esas llamadas paganas. Los tiempos han ido reformándose a sí mismos. 

Sí, celebramos la vida. Una gran apología al nacimiento, no de Jesús en particular, sino en general: el surgimiento de nuestra vida, de las nuevas que trae el porvenir, de nuestra perseverancia en el ser y la del resto de la humanidad. La navidad es la antítesis de aquella otra festividad cristiana, de ese carnaval de la muerte que es la "semana santa". Erigimos un tributo a la vida, a la abundancia: comemos, bebemos, regalamos, recibimos y compartimos, más en nombre de Saturno que del propio Cristo. ¿Tendría razón Nietzsche en que las religiones politeístas son más acordes a las altas virtudes del espíritu humano?. Puede que al final el gran ciclo del sincretismo acabe por regresar el mito a sus orígenes. 

Seguía yo observando la escena y perdiéndome en estas conclusiones cuando ya había comprendido que, a pesar del valor poético y filosófico de la misma (de tener alguno) también podría no ser cierta más allá de mi subjetividad y la de algunos pocos. ¿Resta esto motivos para señalarla y presentar a la sociedad su no tan certero retrato? Juzgad ustedes. Ciertamente somos más libres cuando nos autodeterminamos y con mayor certeza pongo esta práctica por encima del flotar entre la marea de la inercia: la reestructuración y la edificación de la nueva idea en el subconsciente comienza como un asumirse individual, pero son las posturas de algunos pocos las que rompen con el statu quo y abren la senda a un nuevo imaginario colectivo. Autodeterminación, decía, para celebrar bajo nuestros términos, o para no hacerlo; para festejar la vida un veinticuatro de diciembre, o para trabajarlo solitario en el lobby de un viejo edificio, sin presión, pensando celebrar en cualquier otro momento...o todos los días.

Salí de la iglesia con la idea reforzada de que es posible aprender algo valioso en cualquier lugar, si se está dispuesto a observar con detenimiento, y con la convicción de que de allí en adelante podría desear una feliz natividad y que ello significase realmente algo.






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