Aún están a tiempo de ir a otro blog a leer otra cosa.

Voyeurismo Lírico es un polvoriento depósito de ideas al que vengo a divagar desde los quince años. Encontrarás artículos de opinión sobre ética, política y otros temas relacionados con la filosofía, así como también mis incursiones en la prosa poética y otras manifestaciones de la retórica.

Mis escritos son crípticos hasta para Turing y mis pseudoensayos son políticamente incorrectos (dos cualidades que, para colmo del lector, considero sendas virtudes). Las entradas con publicación previa al 2012 son francamente malas, y me avergonzaría de su existencia en la red si no fuera porque me recuerdan que, a pesar de todo, he aprendido a escribir durante estos años.

Bienvenido al blog que nadie lee, del infortunado estudiante de filosofía que tiene ínfulas de escritor pero vive en Venezuela.

jueves, 11 de septiembre de 2014

El Guaire, baluarte de la capital.




Pensando en ríos, un tanto más prosaico que aquel de Éfeso. En el pasado, las primeras sociedades se apostaron a orillas de los ríos, por lo que hoy día son muchos los países cuya ciudad capital se ve atravesada por uno. Verbigracia: a Londres la secciona el caudaloso Támesis; a París, el Sena, en su majestuosidad.

A Caracas, por otra parte, la atraviesa el Guaire, con la gracia de una várice y el esplendor de una herida supurante. Alguien – de esos que idealizan la languidez o la disfrazan de honor – dijo alguna vez que, las comparaciones, son odiosas. Tanto más odiosas si el contraste desfavorece como en este caso, pero las mejillas del caraqueño hace décadas que no cogen rubor.

jueves, 24 de julio de 2014

Te escribo.



Eres cuerpo e idea
Y tu idea se extiende y se aferra
a cada rincón de mi mente; en conciencia e inconsciencia
Única dueña de mi breve instante de existencia
Ay, ¡se acaba la paciencia!
Cierra las puertas mi memoria;  se agota el espacio en mi cabeza
Y de las ventanas de mi alma caen muebles con violencia
Todo lo abarcas, todo lo llenas
¡Dios perdone mi imprudencia!
Cada imagen el reflejo de tu ausencia
Y te escribo: te hago letra
Te hago verso y prosa
Hago inmortal tu esencia
Y es que si no te dreno en palabras, ¡si no comparto el peso de tu existencia!
Revientan los muros de la locura
Se pierde mi ser en tus negros ojos y tu piel morena.


viernes, 27 de junio de 2014

Veinte mil rojos claveles.




Fue, tácticamente, la batalla perfecta. Entre el millar de hombres decididos reinó el coraje y el buen juicio. La vanguardia arrasó con precisión letal: una avalancha de espíritus violentos e intratables, pero de alguna forma virtuosos. Cada combate se resolvió como una ráfaga, en intermitentes arrebatos de furia y ardor; una bélica sinfonía, todo movimiento un frenesí, toda pausa un final apoteósico.

Fue, como desenlace, una trágica ironía. La gloria se escurrió cruelmente, como el hijo que muere nada más nacer. Entre los despojos del enemigo vencido, sobre el aún tibio cadáver de una victoria, llegó un mensajero: hemos perdido la guerra.


lunes, 17 de marzo de 2014

"Dallas Buyers Club": más allá de lo evidente.


Matthew McConaughey encarna a Ron Woodroof, quien tras ser diagnosticado con SIDA, resuelve convertirse en contrabandista y afrontar tantos sus prejuicios, como los de aquellos que lo rodean, para lograr sobrevivir.

No pasa desapercibido que "Dallas Buyers Club" (2013) es una producción cinematográfica que lleva de contrabando una fuerte crítica social y que pone en tela de juicio la credibilidad de ciertos organismos, exponiendo su corrupción y sus vicios. Lo que pareciera no ser tan evidente, es hacia qué o quiénes va dirigida dicha crítica. 

No fue hasta su gran éxito en la premiación de los Óscars que tuve la ocasión de conocer la existencia de esta película, aunque tras ver algunas de las escenas - tan magníficamente interpretadas por McConaughey y Leto - supe que valdría la pena verla completa. Así, adquirí el DVD del film con solo una vaga noción de la trama y el contexto en el que se desarrolla; a saber, que Ron Woodtroof  descubre que padece la terrible enfermedad del SIDA, en una época de (aún más) tempranos avances en pro de conocerla y contrarrestarla. 

Ni los comentarios en la portada de la caratula ni la sinopsis en la contraportada me dieron a priori una idea acertada de aquello que pretende transmitir historia. He de decir que, como en muchos otros casos, ni siquiera la traducción del título fue fiel al original. "El club de los estafadores", se leía en letras grandes, y abajo versaba: "a veces se necesita un estafador para cambiar el mundo".  Masticada y digerida, dedicaré unas cuantas líneas a disipar la ambigüedad en torno a la producción de Jean-Marc Vallée. O mejor dicho, la ambigüedad en torno a las interpretaciones que ha suscitado. 

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Todos los articulos aquí publicados son única y exclusivamente de la autoría de Manuel Gerardi Y tanto estos como el Kuaguro están protegidos bajo derechos de autor.



















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