Aún están a tiempo de ir a otro blog a leer otra cosa.

Voyeurismo Lírico es un polvoriento depósito de ideas al que vengo a divagar desde los quince años. Encontrarás artículos de opinión sobre ética, política y otros temas relacionados con la filosofía, así como también mis incursiones en la prosa poética y otras manifestaciones de la retórica.

Mis escritos son crípticos hasta para Turing y mis pseudoensayos son políticamente incorrectos (dos cualidades que, para colmo del lector, considero sendas virtudes). Las entradas con publicación previa al 2012 son francamente malas, y me avergonzaría de su existencia en la red si no fuera porque me recuerdan que, a pesar de todo, he aprendido a escribir durante estos años.

Bienvenido al blog que nadie lee, del infortunado estudiante de filosofía que tiene ínfulas de escritor pero vive en Venezuela.

lunes, 1 de febrero de 2016

Cubismo y realidad: modos de existencia en la obra de arte pictórica

A la izquierda“Violinista alegre con una copa de vino” (1624) de Gerrit van Honthorst. A la derecha: “Violín y Uvas” (1912)  de Pablo Picasso.


En la obra de arte se ha puesto manos a la obra la verdad de lo ente.” [1]

¿Qué es aquello que sólo nos devela el arte? ¿Podemos pensar, como Nietzsche, que es un error subsumir el conocimiento exclusivamente al ámbito lógico-discursivo, eligiendo el contenido en detrimento de las formas? ¿Es el quehacer artístico una potencia diferenciadora, análoga a la razón, que nos permite develar o dar cuenta de verdades que de otra manera permanecerían ocultas?

Posee el hombre una facultad transfiguradora; el artista, como el alquimista, toma la materia para dotarla de algo más, transformándola, re-informándola. Pero, ¿qué es una obra de arte? Y ¿Cómo podemos decir que alguien sea un artista?  Estas preguntas no son menos engorrosas que aquella que se plantea “¿qué hace, a un filósofo, serlo?” y por similares razones (acaso sea la cuestión del artista aún menos evidente). ¿Es una obra “artística” porque la hace un artista, o recibe el hombre su estatus de artista gracias a la obra? ¿Poseen la obra o el artista una “artisticidad” intrínseca, o es esta otorgada por el consenso y lo socialmente establecido? Nuestra inquietud es la inquietud por las causas, pues no en vano creía Aristóteles que conocer algo plenamente es tener conocimiento de sus causas.

La primacía de Dionisio: dialéctica apolíneo-dionisíaca y el irracionalismo en la obra nietzscheana

Apolo y Dionisio

Lo que se presenta en El Nacimiento de la Tragedia" como una reflexión sobre el teatro griego, los fundamentos para una teoría del arte y una crítica del juicio estético, es en realidad una obra de condena al quehacer lógico-argumentativo o lógico-discursivo, la abstracción, el logocentrismo, los valores de la ilustración y la noción de verdad manejada por la tradición filosófica occidental. De igual forma, se muestra promotora de una serie criterios heredados del romanticismo, como la “nobleza” del instinto, la apología al onirismo, el arte como criterio de verdad – análogo a la afirmación de John Keats de que “la belleza es la verdad” – el individuo como creador de realidades, la validez de la mentira, la primacía de lo inconsciente y del impulso como detonantes de la acción humana, la visión de un mundo inaprehensible y la tendencia hacia lo imperfecto o inconcluso, con el trasfondo de lo infinito.

                Estas afirmaciones serán dilucidadas a raíz de la alegoría apolíneo-dionisíaca en el marco de la tragedia, donde más que una relación de tensión u oposición, parece haber una total subyugación del elemento irracional sobre el racional: la evidente primacía de Dionisio sobre Apolo en las consideraciones nietzscheanas sobre la existencia y el papel que juega el individuo.  A partir de aquí será legítimo atender diversas inquietudes, como la pregunta por la pluralidad y el consenso, o de si es posible eludir la intolerancia y la exaltación a la coacción como elementos que se desprenden de las páginas de Nietzsche.

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